Si hablamos de neuromarketing, ¿podemos hablar de neurocomunicación?
Vivimos una auténtica revolución de la comunicación. Ha cambiado drásticamente la forma en la que se emite y se consume la información y la manera en la que interactúan los diferentes actores, ya sean ciudadanos, marcas o políticos.
Vivimos una auténtica revolución de la comunicación. Ha cambiado drásticamente la forma en la que se emite y se consume la información y la manera en la que interactúan los diferentes actores, ya sean ciudadanos, marcas o políticos. La revolución tecnológica ha democratizado la información, multiplicando, exponencialmente, el número de fuentes a las que el consumidor puede acceder. El ciudadano-consumidor es cada vez más exigente y participativo, incluso rebelde. Para destacar hay que ofrecer soluciones más precisas, más sensibles, más pegadas a lo que busca el consumidor. La gran pregunta es: ¿cómo podemos saber qué es lo que realmente quiere? Para contestarla podemos recurrir a la neurociencia, una novedosa aliada del marketing y la comunicación. Un mejor conocimiento del funcionamiento del cerebro humano puede ayudarnos a entender más fácilmente las verdaderas necesidades y gustos del consumidor, y a comunicarnos mejor con él. El neuromarketing ha sido una primera aplicación exitosa, aunque limitada, de esos conocimientos. Sólo recientemente ha empezado a explorarse su utilización con un enfoque más amplio: el de la neurocomunicación.
El profesor Donald B. Egolf, de la Universidad de Pittsburg, fue uno de los iniciadores de esta nueva disciplina. Egolf nos ayuda a definir la neurocomunicación como la investigación en neurociencia y comportamiento aplicada a la optimización del proceso comunicativo. En otras palabras, la neurocomunicación investiga la forma en que piensa y se comporta el ciudadano-consumidor con el objetivo de desarrollar acciones de comunicación más precisas y eficaces. El fin de la neurocomunicación es el conocimiento, no la manipulación. La aplicación de la ciencia a la comunicación no debería perseguir nunca engañar al ser humano, sino entender mejor lo que quiere para hablarle de forma más cercana y personalizada.
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