Junior Achievement Ecuador: 25 años formando jóvenes para emprender, trabajar y decidir mejor
La organización ha beneficiado directamente a más de 420.000 jóvenes y mujeres en Ecuador. Patricio Peña Romero, Fundador y Presidente de Junior Achievement Ecuador, analiza el impacto de una estrategia basada en emprendimiento, educación financiera y empleabilidad, y plantea una nueva meta: llegar a 2 millones de jóvenes en los próximos años.
Para Patricio Peña Romero, hablar de emprendimiento no significa únicamente enseñar a crear una empresa. Significa preparar a una persona para equivocarse, aprender, insistir y volver a intentarlo. “El fracaso o el cometimiento de errores tiene que significar un aprendizaje muy potente para volver a emprender”, sostiene. Esa lógica resume buena parte del trabajo que Junior Achievement Ecuador ha construido durante sus primeros 25 años en el país.
La organización nació en Ecuador en 2001 por iniciativa de un grupo de profesionales que ya conocía el modelo internacional de Junior Achievement. Peña fue uno de sus fundadores y, desde 2020, preside su directorio. Abogado de profesión, su trayectoria también pasó por el sector público, el sistema financiero y la Bolsa de Valores de Quito antes de concentrar parte de su actividad en una iniciativa enfocada en la formación de nuevas generaciones.
Tres capacidades para enfrentar el futuro
La estrategia de Junior Achievement Ecuador se articula alrededor de tres ejes: emprendimiento, educación financiera y empleabilidad. En 25 años, sus programas han beneficiado directamente a más de 420.000 jóvenes y mujeres, con presencia en 23 de las 24 provincias del país.
La formación va más allá de los conocimientos técnicos. Programas como Economía para el Éxito, Finanzas Personales y Más allá del Dinero incorporan también habilidades como liderazgo, creatividad, trabajo en equipo, perseverancia y capacidad para resolver problemas. Para Peña, esas competencias son cada vez más relevantes para que un joven pueda desenvolverse tanto en el mercado laboral como en un proyecto propio.
“Abrimos la mente de los jóvenes ecuatorianos para que piensen que el emprendimiento propio puede ser una enorme oportunidad transformadora, no solamente de sus vidas, sino de la vida de sus familias”, afirma.
Aprender a emprender haciendo
Uno de los programas emblemáticos es La Compañía, una experiencia que acerca a estudiantes de bachillerato al funcionamiento real de una empresa. Los participantes desarrollan un producto, elaboran un plan de negocios, distribuyen responsabilidades ejecutivas, venden acciones, comercializan su propuesta y, al cierre del proceso, liquidan la compañía y distribuyen los resultados entre sus inversionistas.
Más de 6.000 jóvenes han pasado por este proceso durante cerca de dos décadas. La experiencia llegó además a un hito internacional: uno de los equipos ecuatorianos ganó primero la competencia regional de las Américas y posteriormente el torneo mundial de Junior Achievement.
Ese modelo busca cambiar la relación de los jóvenes con el riesgo. En un país donde emprender es frecuente, Peña considera indispensable acompañar el entusiasmo con metodología y preparación. La meta no es eliminar los errores, sino enseñar a convertirlos en información para tomar mejores decisiones y persistir.
La empresa privada como parte del modelo
El vínculo con el sector empresarial es otro componente central. Junior Achievement trabaja con compañías que financian programas y movilizan a sus propios ejecutivos como voluntarios y formadores.
En iniciativas como Socios por un Día, los estudiantes acompañan durante una jornada a profesionales de distintas áreas para conocer directamente cómo funciona un entorno laboral. Para Peña, esa interacción tiene un efecto en doble vía: los jóvenes conocen nuevas posibilidades profesionales y los ejecutivos entran en contacto con realidades educativas y sociales distintas a las de su actividad cotidiana.
“Así como cambiamos la vida a los jóvenes, a los voluntarios también les cambia la vida”, asegura Peña. La dinámica, explica, termina involucrando a empresas, estudiantes, docentes, padres de familia y comunidades.
La organización mantiene además convenios con el Ministerio de Educación que facilitan el acceso de sus programas a establecimientos educativos del país, mientras buena parte de la ejecución se sostiene con voluntarios provenientes de las empresas patrocinadoras.
Cuando la formación abre oportunidades
El impacto que busca Junior Achievement no termina en un certificado. Peña relata experiencias en comunidades donde los programas han contribuido a modificar las expectativas educativas de los jóvenes. En uno de estos proyectos, después de una década de trabajo, más de 500 jóvenes lograron ingresar a la universidad en una comunidad donde, al inicio de la intervención, ninguno había llegado a la educación superior. Algunos incluso regresaron posteriormente como profesionales.
La organización también ha comenzado a fortalecer el seguimiento de quienes participan en sus programas. Durante años, reconoce Peña, la capacitación terminaba sin contar con suficiente información sobre lo que ocurría después. Ahora la fundación trabaja en construir datos que permitan observar la evolución de los participantes y medir con mayor precisión el impacto de largo plazo.
De 420.000 a 2 millones
Después de 25 años, Junior Achievement Ecuador ya piensa en una escala distinta. Peña plantea como aspiración multiplicar varias veces el alcance acumulado hasta ahora.
“Quisiéramos no hablar de 420.000 jóvenes, sino de 2 millones de jóvenes que hayan participado con nosotros directamente”, afirma. Su expectativa es acercarse a esa cifra en un horizonte de aproximadamente cinco años.
Para conseguirlo, el desafío será ampliar alianzas, movilizar más voluntarios y fortalecer la capacidad tecnológica necesaria para seguir y medir los resultados de cada programa. La lógica, sin embargo, permanece igual a la que inspiró la organización hace 25 años: entregar herramientas para que una decisión educativa, laboral o empresarial pueda transformar no solo a una persona, sino también a su entorno. (I)
Por: Andrés Calvopiña Cervantes