Las autopistas del fondo del mar que mueven el mundo
Las autopistas más importantes del mundo no están en tierra firme: se encuentran en el fondo del lecho marino y transmiten más del 95% del tráfico internacional de datos. Los cables submarinos hoy representan más de 500 sistemas activos y alrededor de 1,4 millones de kilómetros de cable.
Aunque el wifi de un celular llegue en forma de ondas invisibles, el internet que llega al módem es totalmente tangible. Los cables se han encargado desde hace dos siglos de transmitir de forma casi instantánea la información que de otro modo no llegaría. Para hacer que esa información viajara entre países y continentes, la humanidad tuvo que enfrentarse a su mayor abismo: el océano.
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El cable que dio el gran salto
Los cables comenzaron a utilizarse a mediados del siglo XIX con el telégrafo, lo que revolucionó la comunicación humana al permitir enviar mensajes casi instantáneos entre puntos alejados entre sí. La primera línea telegráfica terrestre se estableció entre Washington y Baltimore en 1844. El mar representaba un obstáculo gigantesco, y la solución fue lanzar un cable lo suficientemente fuerte para soportar las condiciones del lecho marino.
El primer cable que unió dos tierras divididas por el mar fue lanzado entre Inglaterra y Francia en 1850. Lastrado con plomo para que pudiera hundirse, tenía una longitud de aproximadamente 38 kilómetros y estaba compuesto por un conductor de cobre rodeado por una envoltura aislante de gutapercha. Partió desde Dover hacia la costa francesa. Aunque funcionó, duró poco: un pescador enganchó el cable con su ancla, lo confundió con un material de valor y terminó cortándolo.
El gran problema
Los ingenieros descubrieron pronto que el agua salada actuaba como un condensador eléctrico: absorbía y deformaba las señales eléctricas, atenuándolas rápidamente antes de que pudieran llegar a destino. A esto se sumaba que el aislamiento se desgastaba con facilidad, provocando fugas de energía.
En 1851, Francia e Inglaterra rehacieron la línea con nuevos materiales y un sistema mejorado de transmisión. A partir de ahí, la red comenzó su expansión.

De conectar países a conectar continentes
El proyecto más ambicioso llegó en 1857, cuando Reino Unido y Estados Unidos plantearon tender más de 4.000 kilómetros de cable entre Irlanda y Terranova. Tras varios intentos fallidos y condiciones climáticas adversas, en el verano de 1858 se logró conectar por primera vez dos continentes. La inversión alcanzó unas 300.000 libras esterlinas. La conexión dejó de funcionar poco después, pero sentó las bases de lo que vendría.
En 1866 se tendió una línea fiable que permitía transmitir hasta 10 o 12 palabras por minuto. Desde entonces, la red no dejó de crecer.
La gigante red que nos comunica hoy
Existen a nivel internacional más de 500 sistemas activos y alrededor de 1,4 millones de kilómetros de cable. Cada año se añaden nuevos sistemas. Los grandes corredores de tráfico son el Atlántico Norte, entre Europa y la costa este de Estados Unidos, y las conexiones entre la costa oeste estadounidense y Asia.
Uno de los cables de mayor capacidad es Anjana, desarrollado por Meta: parte de Carolina del Sur, llega a Europa por Santander con 7.121 kilómetros de longitud y transporta información a través de 24 pares de fibras ópticas, con una capacidad de casi 500 terabits por segundo.
Ecuador cuenta con cuatro sistemas de cable submarino que lo conectan con redes internacionales:
- Pan-American, de aproximadamente 7.225 kilómetros.
- South America-1 (SAM-1), de unos 25.000 kilómetros.
- Pacific Caribbean Cable System (PCCS), de alrededor de 6.000 kilómetros.
- Mistral, también conocido como cable del Pacífico Sur, de aproximadamente 7.300 kilómetros.
Los cables de hoy
Los cables submarinos modernos constan de varias capas: en su interior, fibras ópticas transmiten información mediante pulsos de luz. Las envuelven capas de armadura de acero, polietileno y materiales impermeables diseñadas para resistir la presión y las condiciones extremas del fondo marino. Su vida útil de diseño es de alrededor de 25 años, aunque algunos permanecen operativos más tiempo.

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Los cables submarinos son, paradójicamente, la infraestructura más crítica y menos visible del mundo digital. Tendidos en las profundidades del océano, sostienen la economía global, las comunicaciones y los sistemas financieros internacionales. Para Ecuador, los cuatro sistemas que conectan al país con las redes globales representan no solo una puerta de acceso al internet, sino una pieza estratégica de su infraestructura digital en un mundo cada vez más dependiente de la conectividad.
Fuente: International Telecommunication Union | DW | La Vanguardia | ARCOTEL