¿Cómo fortalecer una educación de calidad en Ecuador?

¿Cómo fortalecer una educación de calidad en Ecuador?

Es una pregunta que a primera vista parece fácil de responder, pero no lo es tanto, debido a que existen muchas variables y contextos diversos que se deben considerar, sin embargo, hay una variable que siempre sale en los primeros lugares de todas las investigaciones que se realizan al respecto, el docente.

Todos quienes tuvimos la suerte de acceder a la educación nos encontramos con esa figura a la que con cariño llamábamos “profe” y todos podemos diferenciar entre aquellos que fueron buenos y aquellos que no lo fueron tanto. Qué diferenciaba a los buenos maestros de los malos, qué es lo que realmente hacía que un profe sea considerado como bueno y que hasta ahora lo recordemos con cariño. 

En mi experiencia los buenos maestros, eran los maestros felices, ellos tenían el poder de hacer las clases divertidas, de despertar el gusto por la lectura, la historia o los números; ellos tenían el poder de cambiar vidas. 

Ahora la pregunta es ¿Cómo hacemos maestros felices? Sus necesidades y dolores de cabeza son de conocimiento público y es sabido que no se puede atender a todas. Algunas dependen de recursos que no están disponibles y otras dependen de voluntades y son estas últimas las que deberían ser solventadas de manera oportuna, por citar un ejemplo: la carga burocrática. Los docentes cada día están más ahogados en: papeles, respaldos, evidencias, portafolios y cada vez tienen menos tiempo para dedicarlo a las cosas que realmente agregan valor en su práctica: planificar clases, evaluar, actualizar conocimientos, etc. 

Suprimir la labor burocrática infructuosa reduciría el estrés laboral, reivindicaría la vocación y motivaría al docente, y así ¡buuum! sin gastar un centavo adicional se ha tomado una medida que contribuye al bienestar de los maestros y por qué no, a su felicidad. Con certeza me atrevo a decir que un maestro feliz es un maestro que cambia vidas, mejora la calidad de la educación y construye un mundo mejor.        

 

Por: Bladimir Torres