También, reivindica el derecho de las mujeres negras a salirse del canon de belleza occidental. Dice tener muchos sueños, pero llevar su mensaje a los institutos, ya que “la educación es la solución al racismo”, y crear su propia marca de productos específicos para cabello afro —símbolo de resistencia, liberación y orgullo—, sería para ella lo máximo. También te puede interesar: Mejores Lugares para Trabajar™ para Mujeres en Ecuador Fue durante el confinamiento cuando Perla contó en redes sociales la determinación que había tomado de dejar su pelo al natural. “Había pasado toda la vida alisándomelo, como casi todas las mujeres negras, y se estaba poniendo malo. Así pues, decidí rapármelo, para dejarlo crecer tal y como era, pero me encontré con que no había productos para mi pelo”, relata. “Como no los había, empecé a hacerlos y a compartir mis recetas. Una cosa llevó a la otra, y al final empecé a producir contenido divulgativo”. Hoy, sus plataformas son un espacio de reivindicación de lo africano. Perla, al igual que muchas de sus amigas negras, pasó muchos años intentando ocultar sus rasgos naturales. “Algunas se ponen pelucas para disimular el voluminoso pelo afro, otras incluso se aclaran la piel”, explica. Esto, reflexiona, es porque “los cánones de belleza occidentales lo dominan todo”, provocando que “todas las mujeres quieran ser iguales”. Ella quiere dejar de ocultarse: “Aceptar la piel negra y el pelo afro es aceptar lo que somos. “Mis características físicas tienen una historia de lucha, porque representan a una etnia que ha sido y sigue siendo oprimida”. Las mujeres con piel negra, continúa, se sienten rechazadas por los hombres negros a los que se educa con el mensaje que una mujer blanca tiene más valor y puede ser un signo de ascenso social. “Si te das cuenta, todos los futbolistas negros de éxito se casan con mujeres blancas”, recalca. Asimismo, la mujer afro en Europa está “sexualizada” y “exotizada” por los hombres blancos. “Nos quieren solo por lo singular de nuestro color, nuestro pelo o nuestros labios. Me dicen, seguro que bailas muy bien. Y les importa poco la persona que soy”, se queja. “Mis labios sirven para más cosas de las que se están imaginando: sirven para hablar y decir cosas a veces interesantes”, reivindica. El activismo de Perla no termina en España. En Guinea Ecuatorial, es una de las fundadoras de la entidad Somos parte del mundo, que ayuda a la comunidad LGTBI en el país africano, donde, aunque la homosexualidad es legal, no existen medidas de protección contra la discriminación por orientación sexual o identidad de género. “Si una persona homosexual comete un delito, el castigo va a ser doble. Primero, por la infracción, y luego por ser lesbiana o gay. Además, muchas niñas y niños acaban en las calles, repudiados por sus familias”, explica. En la fundación, intentan darles cobijo y que recuperen los estudios, además de “hacer ruido”. Ella misma pasó una noche en el calabozo por defender a dos niñas supuestamente lesbianas a las que la policía había detenido por escándalo público. Para seguir avanzando hacia una sociedad sin racismo, dice Perla, “lo primero es la educación”. “Hay que explicar mejor la historia”, argumenta, e invita a escuchar la primera TED Talk de Chimamanda Ngozi Adichie, en la que hace una llamada a rechazar los relatos únicos y alerta sobre los peligros de reducir una persona, un país o una cultura a un relato unívoco. “Lo pasaba fatal cuando en el colegio pasaban documentales de lo mal que se vive en África, de niños desnutridos con mocos y moscas. En África, claro que hay pobreza, pero África no es solo eso”, lamenta. También te puede interesar: La presencia de mujeres en el mercado laboral en los países árabes es hasta un 24% inferior a la media mundial “Lo segundo es rodearse de gente de otras culturas. Escucharlas, hablar con ellas, conocerlas. Y cuestionarse a uno mismo y a todo lo que se da por seguro, con la intención de desaprender para volver a aprender”, prosigue. “La diversidad es lo que hace este mundo maravilloso”, declara. Además, considera de vital importancia “dejar atrás las palabras y expresiones racistas”, como “trabajar como un negro”, “merienda de negros”, “dinero en negro”, o “color carne”. Para cambiar el fondo quizás se pueda empezar cambiando las formas. “Todavía queda mucho por hacer”, resume, y ejemplifica el racismo que ya ha sufrido su hijo, de solo cinco años y medio. “Una vez, en el parque, cuando tenía un añito, estaba jugando con un niño blanco de su edad. El hermano mayor, de cinco o seis, lo vino a buscar y le dijo que no podía jugar con negros. Yo no entendía nada. Hace unos días, llegó a casa diciendo que sus compañeros le habían dicho que tenía la nariz grande y chata”, narra. “Yo no quiero que mi niño viva lo mismo que yo. Eso es lo que me mueve. Eso y que siempre he tenido espíritu de Pantera Negra”. Fuente: El País