Arquitecto, ingeniero y escultor, el nombre “Calatrava” es uno de los más pronunciados en el mundo de la arquitectura. Santiago nació en Valencia, en el año 1951 y ahí también se formó como arquitecto. Años más tarde, amplió sus estudios cursando la carrera de ingeniería civil en la gran ciudad suiza de Zurich, donde se doctoró en 1981. ¿Qué hace que Calatrava sea Calatrava? Sensibilidad artística, solvencia técnica, audacia estructural y armonía exquisita. Sin más ni menos palabras se puede describir a la perfección la esencia que Calatrava impone en cada una de sus obras. Los principios estructurales que rigen su arquitectura son a menudo de gran simplicidad, pero las soluciones técnicas alcanzan grados de sofisticación muy altos, como en los perfiles de los elementos estructurales y la yuxtaposición de los distintos materiales. A pesar de que la arquitectura de Calatrava se inclina mucho hacia los esquemas simétricos, algunos de sus edificios presentan composiciones asimétricas, como en la posición de los arcos de algunos de sus puentes, en el que consigue un gran equilibrio dinámico gracias a la disposición asimétrica de los distintos elementos en relación con su base. Todas sus obras se caracterizan por la espectacularidad de sus estructuras, realizadas con acero u hormigón armado pintados de blanco y con recubrimientos de vidrio. Una buena parte del trabajo de Calatrava está dedicado a la construcción de puentes y pasarelas, a los que trata como si fueran gigantescas esculturas. Aunque los ha diseñado de diferentes tipos, los que más le caracterizan son los puentes colgantes. Con influencias que apuntan a Antoni Gaudí, Eero Saarinen o Frank Gehry, siempre ha sido difícil reducir a la obra de Calatrava a una sola corriente o etiqueta, pero, en el extraordinario auge creativo que vive la arquitectura española en el último cuarto de siglo, no hay duda de que la figura de Calatrava sobresale de forma particularmente relevante.