Un mundo frío y espumoso bajo la tierra

Un mundo frío y espumoso bajo la tierra

El laberinto de galerías que guardan sus botellas rezuma historia. Entre pasadizos nació Moët & Chandon, el champán líder en el mundo.

La botella más antigua, un champán rosado que hace años dejó de ser apto para el paladar, data de 1878, pero no es la única reliquia de la bodega de Moët & Chandon. Al final de uno de sus pasillos luce otra: un imponente barril de madera oscura queNapoléon Bonaparte, amigo íntimo de la familia y gran bebedor de champán (en nueve encargos se llevó a su residencia 300 botellas), regaló a la bodega como muestra de agradecimiento en 1810. Pero la historia de Moët no arranca aquí, sino años antes, en 1743, cuando Claude Moët, un comerciante de vinos ya en su edad madura, decidió ganarse a los más sibaritas e influyentes del lugar con su champán. Lo consiguió en poco tiempo: apenas cinco años más tarde ya era uno de los proveedores de la corte real francesa.

La maison pasó de manos del fundador a las de su hijo, y de las de éste, a las de su nieto Jean-Rémy Moët, quien se empe­ñó en conquistar los mercados europeos –y también a Napo­léon, que le visitó en Epernay en tres ocasiones; mandó cons­truir unos jardines idénticos a los de Versalles para recepcionar al emperador y su corte, formada por nada más y nada menos que 400 personas– hasta cederle las acciones al 50% a su hijo soltero Víctor y a su yerno Pierre-Gabriel Chandon.
NAPOLEÓN VISITÓ LA BODEGA EN TRES OCASIONES. POR ÉL REPLICARON LOS JARDINES DE VERSALLES
Ellos fue­ron quienes rebautizaron la marca tras unir ambos apellidos y trabajaron juntos durante al menos veinte años en el despe­gue internacional de la casa francesa. Robert-Jean de Vogüé, casado con una heredera de la familia Moët, sería el siguien­te en tomar las riendas de la marca. Años después, entraría a formar parte del grupo del lujo LVMH. La de Champagne es una zona en la que llueve 200 días año, tiene una temperatu­ra media anual de 10,8º y goza de un clima oceánico y conti­nental que hace que los viñedos (34.000 hectáreas en toda la zona, limitadas por ley) tengan las condiciones óptimas para extraer de sus uvas los mejores caldos. Las de Moët proceden de viñas situadas en las principales zonas de la región: de la Montagne de Reims y Aube sacan la pinot noir, de la Côte des Blancs y Sézannais la chardonnay y de la Vallée de la Mar­ne la pinot meunier. De los 323 crus que tiene Champagne, Moët tiene acceso a 200, de los cuales 17 son grands crus y 31 premiers crus. 
“La vendimia se hace a mano”, explican desde la casa france­sa. Durante tres semanas, 300 personas (en la empresa traba­jan 1.200 personas) vendimian y no pasan más de tres horas desde la recogida de la uva hasta su prensado. Ellos son los que conocen el terreno y cuidan su técnica y su materia pri­ma, la misma que, a partir de noviembre, los enólogos degus­tarán, evaluarán y clasificarán para el posterior ensamblaje, clave en este proceso.

MOËT& CHANDON ES, SEGÚN LA PROPIA CASA, LA MARCA QUE MÁS CHAMPÁN VENDE EN ELMUNDO. SOLO UN DATO: CADA SEGUNDO SE DESCORCHA UNA BOTELLA.

De los primeros años de esta aventura empresarial no solo queda la tradición y el savoir faire, las pa­labras de Madame de Pompadour siguen en su memoria: “El champán es la única bebida que mantiene guapa a una mu­jer”, dijo. Ella escogió Moët & Chandon.