Estamos rodeados de naturaleza y, sin embargo, rara vez le permitimos influir de manera real en cómo construimos. La portada de esta edición nace de un descubrimiento poco conocido: las playas de Manta son hogar de anidación de tortugas marinas. Frente al terreno donde se levanta MAWA 22, en Manta, las tortugas regresan cada temporada a desovar, perpetuando un ciclo que antecede a cualquier proyecto humano. Durante los estudios previos, el equipo de Rosero Construye identificó esta zona activa de anidación en el área costera contigua a la obra. El hallazgo trascendió el informe técnico y pasó a formar parte del proceso de diseño del proyecto. David Rosero, Gerente General Rosero Construye. “En Rosero creemos y creamos bajo una misma línea. Lo que se diseña se construye, y lo que se comunica se puede verificar en obra. Ese es el estándar que buscamos sostener” El proyecto se sostiene en una idea simple: cada decisión debe poder verificarse en obra y mantenerse en el tiempo. Ahí es donde la sostenibilidad deja de ser un discurso y se convierte en una forma de ejecutar. David Rosero, Gerente General de Rosero Construye, explica que la presencia de las tortugas influyó en decisiones como la paleta de acabados, los tonos de pisos, la selección de mobiliario y los detalles interiores que dan carácter a los espacios. Texturas que remiten a la arena, gamas vinculadas al caparazón y al horizonte marino, materiales pensados desde la calidez del litoral manabita. "La tortuga no rediseñó el edificio: le dio alma", menciona David. También te puede interesar: Proaño | Proaño proyecta USD 61 millones en inversión inmobiliaria para Quito hasta 2028 Triple impacto: una cultura, no una etiqueta El enfoque de triple impacto de MAWA 22 no se activó al final de la obra: empezó el día en que el equipo llegó a Manta y se ha sostenido en cada decisión. En lo ambiental, Rosero impulsa un laboratorio de reciclaje en un terreno junto a MAWA 22 que funciona como espacio de educación para la comunidad y los trabajadores. A esto se suma la eficiencia energética del proyecto, la gestión de residuos, el uso de materiales responsables y un programa de protección de nidos de tortugas marinas junto a la Fundación RACSE, organización ambiental con sede en Manta enfocada en la protección de fauna marina y ecosistemas costeros. En lo social, el proyecto ha creado más de 200 empleos directos y mantiene vínculos activos con la comunidad mediante infraestructura compartida y actividades locales. En lo económico, dinamiza la construcción en Manabí y se inserta en una zona donde turismo y residencia empiezan a convivir en el mismo territorio.