Créditos bancarios al sector privado en América Latina
El crédito bancario funciona como un combustible para la economía, cuando los bancos prestan, las empresas invierten, la gente compra y el dinero circula, pero cuando no prestan se estanca la economía, funciona con efectivo y pierde la oportunidad de crecer.
Latinoamérica lo demuestra con una enorme brecha, de acuerdo con datos del Banco Mundial (BM) y del Banco Central de Venezuela (BCV), mientras ciertos paises lideran el ranking con profundidades financieras de hasta el 75%, otros apenas superan el 3%:
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Tabla recuperada de: Latinometrics
Ecuador quinto en la tabla
Ecuador presenta un panorama donde el crédito bancario al sector privado alcanza el 57,6% del PIB, lo que coloca al país en un rango medio-alto entre los países latinoamericanos.
Dicha cifra demuestra que tanto las empresas como los ecuatorianos consiguen préstamos para invertir, comprar o crecer. Con una banca que opera sin inconvenientes ante el encaje vigente y un sistema financiero que se mantiene en un nivel de actividad crediticia sano, comparable al de economías más grandes de la región.
El caso de Venezuela
Venezuela, actualmente, es el caso más extremo de la región. Hace más de diez años, en 2015, los bancos del país prestaban al sector privado el equivalente al 23,9% del PIB, sin embargo, hoy, esa cifra ha caído drásticamente al 3.5%, casi el mismo porcentaje de Haití (3,1%).
Es decir, perdió cerca del 85% de profundidad financiera en una década. Esta pérdida se da por una crisis de regulación, donde el Banco Central de Venezuela (BCV) exige que los bancos guarden el 73% de cada depósito como reserva obligatoria (encaje legal) para frenar la inflación, dejando únicamente el 27% para préstamos.
El resultado: Bancos sin incentivos, ni capacidad para prestar y un crédito casi inexistente. Venezuela prioriza la estabilidad del bolívar sobre el crecimiento, el BCV congeló el crédito.
Pero ante esto surgieron nuevas alternativas: Las Fintech
Ante la falta de préstamos por parte de los bancos, las empresas económicas que ofrecen servicios financieros, conocidas como fintech, ganaron terreno.
La principal es Cashea, fundada en Caracas en 2022: financia compras con enganche y pagos quincenales sin interés, supera los 10 millones de cuentas y 40 mil comercios afiliados, y levantó USD 100 millones este año. También destacan Krece, Popclik y Rapikom. Al no captar depósitos del público, estas aplicaciones no están sujetas al encaje legal ni a las reglas bancarias tradicionales, y operan en un vacío legal que el gobierno ha tolerado porque llenan un hueco que los bancos no cubren.
El uso de estas aplicaciones ha demostrado que los venezolanos si pagan bien, la morosidad de Cashea es de 1,2% y la del Banco de Venezuela de 0,83%. Es decir, el problema no es la falta de pagos, es la falta de préstamos por parte del sistema bancario venezolano. Las fintech demostraron que había demanda y solvencia; solo faltaba quien prestara.
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El equilibrio regulatorio: clave del crecimiento regional
La comparativa de los países de América Latina deja algo claro: Una regulación financiera bien equilibrada impulsa el crecimiento, pero al contrario si se la lleva al extremo ahoga la economía que dice proteger. Cuando el crédito fluye, las empresas invierten y la economía prospera; cuando se restringe en exceso, el dinero se queda quieto y el desarrollo se estanca. La diferencia entre los países de la región no es de riqueza, sino de diseño institucional: la misma herramienta regulatoria puede ser un escudo o una cadena, según cómo se use. (I)
FUENTES: BM | BCV | LATINOMETRICS