Neurociencia del bienestar su impacto en productividad, ausentismo y retención
Nicole y Andrés tienen mucho en común. Sus días comienzan revisando correos antes de levantarse y transcurren entre reuniones, decisiones, imprevistos y almuerzos frente al computador.
Ambos cumplen sus objetivos y llevan agendas que parecen no tener espacio para nada más.
Pero algo está pasando.
Nicole lleva semanas durmiendo mal y siente una tensión constante en el cuello. Andrés convive con dolores de cabeza, irritabilidad y dificultad para concentrarse. Un café más, un analgésico y siguen adelante. Han aprendido a adaptarse a un ritmo que, aunque les permite cumplir con todo, no les está permitiendo sentirse bien.
¿Saben qué ocurre en su cerebro?
Cuando vivimos bajo presión constante, nuestro cerebro puede interpretar las exigencias como amenazas. Se activa entonces la respuesta al estrés, que nos prepara para reaccionar y libera hormonas como el cortisol. El problema aparece cuando permanecemos demasiado tiempo en ese estado de alerta: nuestra memoria, concentración y regulación emocional pueden verse afectadas.
Y aquí viene algo que me parece fundamental: nos hemos acostumbrado tanto a funcionar bajo presión que muchas veces confundimos estar ocupados con ser productivos.
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El impacto también se siente en las empresas.
La OMS estima que la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de 12.000 millones de días laborales al año.
En el caso de Nicole y Andrés, seguir adelante no significa necesariamente que estén bien ni que su desempeño pueda sostenerse indefinidamente. Dormir mal, trabajar con dolor o vivir en alerta termina afectando la forma en que piensan, deciden y se relacionan con los demás. Lo que hoy parece solo cansancio puede convertirse mañana en ausentismo, desconexión o en la decisión de buscar otro lugar para trabajar.
Por eso, la neurociencia aplicada al bienestar no se trata únicamente de enseñar técnicas para manejar el estrés. También nos invita a revisar qué condiciones estamos creando en las organizaciones y si estas permiten que las personas recuperen su energía, se concentren y trabajen sin permanecer constantemente a la defensiva.
Cuidar el bienestar de nuestros equipos es cuidar su capacidad de crear, decidir y permanecer. Porque ningún resultado debería construirse a costa de la salud de quienes lo hacen posible.
Por: Karla Sarmiento Dávila - @karlasarmientodavila