ECOKIDS: Reunió a niños y familias para aprender sobre sostenibilidad en el Jardín Botánico
Durante el 19 y 20 de septiembre, el Jardín Botánico de Quito se convirtió en un espacio para jugar, explorar y aprender sobre sostenibilidad.
Más de 6.000 personas participaron en Eco Kids, una iniciativa de Grupo Ekos organizada por Cascos Verdes y Fybeca para acercar a niñas, niños y sus familias a los desafíos ambientales desde una perspectiva participativa.
El recorrido llevó a niñas, niños y sus familias por juegos, una experiencia teatral, tecnología y actividades interactivas que pusieron sobre la mesa temas como el agua, la biodiversidad, el reciclaje, la energía y la alimentación. La sostenibilidad dejó así de ser un concepto abstracto para convertirse en una experiencia cercana, vinculada con acciones y decisiones que forman parte de la vida cotidiana.
El planeta como una gran red
El concepto que articuló las diferentes experiencias de Eco Kids fue el “Lazo de la Vida”, una representación de cómo los elementos del planeta están conectados. El agua, los bosques, los animales, los alimentos, la energía y las ciudades forman parte de un mismo sistema, en el que las acciones humanas también generan efectos.
Bajo esta idea, las estaciones del evento plantearon desafíos y actividades para que los participantes pudieran descubrir estos vínculos. El objetivo fue llevar conceptos ambientales a situaciones cotidianas y mostrar que acciones como ahorrar agua, separar residuos, reutilizar materiales o aprovechar mejor los alimentos también forman parte de la sostenibilidad.
La propuesta fue acompañada por el Pasaporte Eco Kids, una herramienta que invitó a los participantes a recorrer las distintas estaciones, identificar los ocho símbolos que formaban parte de la narrativa y completar desafíos vinculados con las temáticas del evento.
A través del concepto “Lazo de la Vida”, el evento mostró cómo el agua, la biodiversidad, la energía, los alimentos y las ciudades están conectados, y cómo nuestras acciones impactan en el planeta.

Una historia para mirar el planeta de otra manera
Uno de los momentos centrales fue “El día que el planeta perdió sus colores”, una experiencia teatral inmersiva creada por Francisca Luna, Directora de Cascos Verdes Ecuador y dirigida por Anderson Altuve, Director Escénico.
La puesta en escena combinó narrativa, circo, proyecciones y tecnología para contar una historia en la que distintos elementos del planeta comienzan a perder su conexión. El agua, los bosques, los animales, los alimentos, la energía y las ciudades aparecieron como piezas de un mismo sistema.
Más que presentar conceptos ambientales de manera tradicional, la obra buscó que los niños comprendieran a través de una historia y una experiencia visual.
Pequeñas manos, grandes ideas
La inauguración también puso en escena el propósito detrás de Eco Kids. Francisca Luna, Directora de Cascos Verdes para Ecuador, explicó que la iniciativa tomó forma durante varios meses hasta convertirse en un espacio pensado para las nuevas generaciones. “Nuestras manos pueden parecer muy pequeñas, pero cuando juntamos muchas manos con una buena idea, con una buena intención, grandes cosas pueden ocurrir”, señaló.
La idea de que los niños también pueden generar cambios fue retomada por Ricardo Dueñas, CEO de Grupo Ekos. “Los niños pueden cambiar las cosas ahora, no tienen que esperar a que pase el tiempo para empezar a tener un planeta mejor”, afirmó.
Durante su intervención, Ricardo también puso énfasis en acciones cotidianas como el uso responsable del agua, la clasificación de residuos y el aprovechamiento de los alimentos, prácticas que requieren la participación de las familias, las instituciones educativas, las empresas y la sociedad.
Transforma tu Colegio con Propósito 2026
La educación ambiental también tuvo un espacio protagonista con la final de “Transforma tu Colegio con Propósito 2026”, iniciativa de Cascos Verdes que convocó a alrededor de 64 colegios de Quito. Cinco instituciones llegaron a la etapa final: Colegio Alemán de Quito, Colegio Tomás Moro, Colegio Johannes Kepler, Colegio Martím Cereré y Colegio Becquerel. Cada equipo contó con cinco minutos para presentar su proyecto y responder las preguntas del jurado.
Las propuestas mostraron diferentes maneras de abordar problemas ambientales desde las instituciones educativas.

El Colegio Johannes Kepler presentó un sistema para tratar aguas grises mediante biofiltros con plantas fitodepuradoras. La propuesta busca limpiar y reutilizar el agua para actividades como el riego y, al mismo tiempo, contribuir a la recuperación de ecosistemas relacionados con la quebrada y el río Machángara.
El Colegio Alemán de Quito enfocó su proyecto en la restauración de la quebrada Cachanaboy, ubicada junto a la institución. Su propuesta contempla controlar a “la Susanita”, una especie vegetal invasora, realizar jornadas de limpieza, construir hoteles para insectos y desarrollar un modelo de ciencia ciudadana para monitorear la biodiversidad.
El Colegio Martím Cereré planteó un sistema para recolectar y aprovechar agua lluvia. El proyecto contempla canaletas, filtros y tanques de almacenamiento para utilizar el recurso en el riego de plantas y la limpieza, reduciendo así el consumo de agua potable.
El Colegio Tomás Moro propuso una campaña de concientización para modificar hábitos relacionados con la contaminación. Su iniciativa incorpora contenidos creados por estudiantes, separación de residuos, jornadas de limpieza y actividades que involucran a alumnos, docentes y familias.
El Colegio Becquerel presentó “Terraza Sostenible Inteligente”, una propuesta que reúne compostaje, recolección de agua lluvia y un huerto hidropónico. El proyecto también contempla paneles solares y convierte este espacio en un laboratorio para que los estudiantes puedan aplicar conocimientos de distintas áreas.
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Los proyectos fueron evaluados por Cristina Pineda, Subgerente de Asuntos Públicos y Comunicación Estratégica en FEMSA Salud Ecuador; Martín Vásconez, Subgerente de Sostenibilidad de Corporación Favorita; y, Dominic Burgos, Gerente Editorial de Revista Ekos. La evaluación consideró innovación y creatividad, impacto ambiental, viabilidad y funcionalidad, calidad del prototipo o propuesta visual, escalabilidad y calidad de la presentación.
Más allá de los resultados, las propuestas mostraron que los colegios pueden convertirse en espacios para experimentar soluciones ambientales y que los estudiantes pueden pasar de conocer una problemática a diseñar alternativas para enfrentarla.
Una experiencia que llegó a miles de familias
El evento concluyó con un sorteo entre los participantes que recorrieron las estaciones de Eco Kids. Niños del público participaron en la selección de los tickets y el premio fue un vehículo eléctrico, que llevará durante un año la imagen del evento como parte de su mensaje de sostenibilidad.
Eco Kids cerró sus dos jornadas con una premisa que atravesó cada una de sus actividades: la educación ambiental puede comenzar con una experiencia sencilla y cercana. Jugar, observar, experimentar y hacerse preguntas fueron las herramientas para acercar a niños y familias a temas que forman parte de los grandes desafíos del planeta.
Desde una obra inmersiva hasta proyectos creados en colegios, el evento mostró distintas formas de entender la sostenibilidad y, sobre todo, de llevarla a la práctica. Porque el cambio también puede comenzar en espacios cotidianos: una escuela, una familia, un jardín o, incluso, en las manos pequeñas de quienes hoy están aprendiendo a cuidar el mundo que heredarán.
La experiencia demostró que la educación ambiental puede comenzar de forma sencilla y cercana: jugando, experimentando y aprendiendo a cuidar el planeta desde la infancia.