La construcción en Ecuador ha sido históricamente un motor clave para el desarrollo económico y social del país, llegando a representar un 10% del PIB en su punto más álgido. Posterior a la pandemia del covid-19, el sector constructor ha sido de los segmentos económicos más afectados, reduciendo su aporte a un 4.2% del PIB nacional en 2024. Este sector enfrenta desafíos significativos derivados de su alto consumo energético y su impacto ambiental, que actualmente contribuye de forma importante a las emisiones de gases de efecto invernadero. Ecuador está en un momento crucial para transformar esta realidad, adoptando nuevos modelos que integren innovación tecnológica, eficiencia y respeto por el medio ambiente para garantizar un crecimiento sostenible y resiliente. En este contexto, la construcción sostenible ha ido ganando relevancia como una estrategia para reducir estos impactos negativos y promover edificaciones que cumplen con criterios de eficiencia energética, uso racional del agua y materiales eco amigables. En Ecuador, existen al menos 85 proyectos con certificación LEED, principalmente en los sectores comerciales, oficinas y viviendas, reflejando un interés creciente y una apuesta firme hacia prácticas más responsables. Organismos como el Consejo Ecuatoriano de Edificación Sustentable (CEES), Cámara de la Industria de la Construcción (CAMICON), Constructores Positivos y otros gremios relacionados, trabajan activamente para difundir conocimiento, certificar proyectos y fomentar políticas públicas que impulsen la edificación sostenible. Esta transformación está alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, los cuales Ecuador ha adoptado como hoja de ruta para avanzar en desarrollo justo, inclusivo y ambientalmente responsable. En particular, el ODS 11, enfocado en ciudades y comunidades sostenibles, resuena en la necesidad de repensar la planificación urbana y los procesos constructivos para garantizar calidad de vida, resiliencia frente al cambio climático y uso eficiente de recursos naturales. La construcción sostenible, por tanto, no solo atiende el ámbito ambiental, sino que es una herramienta para fomentar la equidad social y potenciar la dinamización de la economía en el país. Desde la materia prima hasta las grandes ciudades El foco en el uso de materiales eficientes es un aspecto crucial en este proceso. Ecuador dispone de una variedad de materiales sostenibles de mayor durabilidad y menor impacto ambiental, desde la caña guadua hasta productos industrializados a base de reciclados, como varillas de acero y asfalto. Estos materiales no solo reducen el impacto ambiental de la construcción tradicional, sino que también mejoran las propiedades térmicas y estructurales de las edificaciones, aportando confort y eficiencia. El avance en su estandarización y capacitación técnica es fundamental para implementar su adopción a gran escala, enfrentando el crecimiento demográfico y la demanda habitacional con innovación. Las características de la construcción sostenible incluyen: La optimización y ahorro de materiales El uso eficiente de recursos vitales como el agua y la energía. Edificaciones certificadas pueden reducir el consumo energético y el uso y reciclaje de agua mediante tecnologías, diseño bioclimático y sistemas inteligentes. Estas prácticas no solo disminuyen costos operativos sino que también contribuyen a mitigar el cambio climático y preservar el entorno vital, desde la concepción hasta la operación del edificio, priorizando la salud y bienestar de sus ocupantes. También te puede interesar: Construcción sostenible: el camino para transformar el desafío climático en ventaja competitiva En cuanto a nuevas formas constructivas, técnicas como construcción en seco, Steel Framing o Light Steel Framing está ganando terreno en Ecuador. Esta metodología industrializada utiliza perfiles de acero liviano y placas prefabricadas, eliminando la necesidad de trabajos húmedos. Esto permite reducir los tiempos de obra, disminuir el desperdicio de materiales y obtener mayor flexibilidad arquitectónica y de diseño. Además, las estructuras resultantes, junto a materiales de alta eficiencia, son duraderas, aislantes térmicos y acústicos, y presentan fuerte resistencia sísmica, lo que las convierte en una alternativa sostenible y rentable a largo plazo. El impacto del urbanismo es transversal a todo este proceso. La organización y planificación de las ciudades ecuatorianas hacia modelos sostenibles es indispensable para mejorar la calidad de vida diaria y fomentar un desarrollo equilibrado. La Agenda Hábitat Sostenible del Ecuador 2036 promueve una gestión urbana que integra la participación ciudadana, conservación ambiental, uso racional del suelo, junto a la adaptación al cambio climático. Esto implica un ordenamiento territorial que genere espacios verdes, transporte eficiente, infraestructura inclusiva y servicios accesibles, elementos que fortalezcan la cohesión social y la resiliencia urbana. Este desafío exige una colaboración armónica entre proveedores, constructores, organismos públicos y privados para consolidar un ecosistema constructivo sostenible. La coordinación efectiva, el acceso a financiamiento verde, la formación técnica y el impulso de normativas claras son piezas clave para hacer realidad un sector de la construcción que aporte valor ambiental, social y económico al país. Es una invitación a ser agentes activos de cambio, conscientes y comprometidos con un Ecuador que construye su futuro con responsabilidad y visión integral.