Él cuenta que esta institución trabajó en una migración del modelo clásico, en el cual se mostraban actividades de atracción con animales exóticos, para convertirse en un centro de rescate y atención médica para fauna silvestre que ha sido víctima de enfermedades naturales, caza ilegal, accidentes y otras acciones humanas voluntarias e involuntarias que perjudican a su bienestar. El director, recibió a ADN Sostenible en un recorrido por este lugar que se inauguró oficialmente el 18 de agosto de 1997, durante la alcaldía de Jamil Mahuad. “Es una herencia del antiguo zoológico del Colegio Militar, que se ubicaba en Quito cerca de la avenida Orellana. Ese tenía la idea de mostrar actividades de atracción con animales exóticos”, recuerda. Sin embargo, después de desarrollar un nueva visión y misión, hoy recibe alrededor de 350 animales cada año, aunque a nivel nacional se rescatan alrededor de 2.000 o 3.000 especies. “Aquí entran los animales que son traídos por autoridades o civiles. Hemos pensado en no recibir más, pero si no recibimos ¿qué pasa con nuestra fauna?”, dice Bustamante mientras menciona la política de puertas abiertas del Zoológico de Guayllabamba. Hoy, el zoo ocupa 12 hectáreas y recibe a alrededor de 200.000 visitantes al año, muchos de ellos estudiantes de escuelas y colegios con quienes tienen la opción de reservar sus visitas con anticipación y de esta manera trabajar en conjunto en temas específicos de enseñanza con los guías especializados. El zoológico recibe alrededor de 350 animales cada año. Fauna de preferencia endémica El Zoológico de Guayllabamba se ha convertido en un lugar “de cajón” para quienes quieren conocer más de la fauna silvestre propia del país. De las 90 especies que se albergan, solo dos son introducidas, se trata de lo leones africanos y las avestruces. El resto, son animales de la zona como los osos de anteojos, propios del noroccidente de Quito, olinguitos y cóndores; estos dos últimos hacen de este zoológico único, ningún otro cuenta con estas especies. Todos ellos han llegado lastimados, han sido atendidos y rehabilitados, y al no poder ser reintroducidos, pasaron a formar parte del zoológico en réplicas de su hábitat. “Nuestro zoológico tiene esa misión: es una autoimposición, trabajar con nuestra fauna y con temas de rescate. Los cóndores, pumas, jaguares, no son animales que vamos a buscar de alguna manera, en el mercado de los zoológicos. Son animales que han llegado de rescate, es un centro de rescate con una exhibición”, comenta. Para las labores de rescate cuentan con un equipo profesional y un espacio dedicado para este fin, con consultorios médicos para intervenir en cirugías. Contra el tráfico de fauna silvestre El tráfico de fauna silvestre es considerado un delito ambiental y está penado por las leyes ecuatorianas. La legislación contempla castigos de hasta tres años de cárcel y multas de hasta USD 4.000 por la extracción de vida silvestre de su lugar, sin tener en cuenta la compensación exigible por daños ecológicos. Martín cuenta que hay más tráfico en diciembre. En especial con especies como los monos que son considerados peluches vivientes. Mi visita al @Zoo_Quito fue una experiencia enriquecedora, donde aprendí sobre la importante labor que desempeña esta organización en la conservación de fauna silvestre. Conoce un poco de este recorrido. Lee la nota que subí a mi blog >https://t.co/cZyk2MO8SK#MisionSostenible pic.twitter.com/mzEOfV0CXx — Ricardo Dueñas N. (@RicardoDuenasEC) January 12, 2020 El Zoológico de Guayllabamba trabaja constantemente previniendo este delito ambiental a través de una poderosa arma: la educación.