Hijo de padre japonés y madre colombiana, Yokoi Kenji se considera un trabajador social que analiza los patrones de comportamiento de las culturas en las cuales creció y que le han dado identidad a lo largo de su vida, y que se reflejan en dos características: la pasión latinoamericana y la disciplina japonesa. Vivió los primeros 10 años de su vida en Latinoamérica (Panamá, Costa Rica y Colombia) al lado de su abuelo Colombiano Jaime Gómez, comerciante Antioqueño de gran influencia en su vida. Yokoi Kenji nació en Colombia, pero durante su infancia se mudó a Japón donde vivió un choque cultural, que él denomina “Un apasionante conflicto de cultura y creencias, de pasión y disciplina que me permitió entender de primera mano, el poder de la sinergia cultural cuando el ser humano logra la empatía dentro y fuera de la empresa”. Más tarde, se convirtió en traductor de personas que emigraron a Japón en los años noventa en búsqueda del sueño japonés en prestigiosas empresas. También te puede interesar: Daniel Pintado: “Ningún sueño es demasiado grande para no trabajar a diario y hacerlo realidad” La charla Furinkazan está inspirada en el prestigioso samurai Takeda Shingen, un feroz guerrero del antiguo Japón quien murió a causa de una enfermedad y no en el campo de batalla, lo cual era considerado un honor según la creencia samurai. Sin embargo, esto provocó profunda tristeza en sus compañeros de lucha quienes lloraron profundamente su partida, un hecho también inusual en esa época. “Eso demuestra que llorar por la competencia es aún más honorable”, comentó el speaker quien recordó que esta historia -que la escuchó en Japón cuando era niño- le marcó profundamente. Es así que Yokoi Kenji habló de cuatro elementos que se contemplan en este código samurai: viento, bosque, fuego y montaña que además se escribían en el estandarte de quienes iban a las guerras. Poco a poco, con anécdotas, recuerdos y bromas, Yokoi Kenji fue llevando al público a través de un hilo conductor que recorría los cuatro elementos y los relacionaba con características que él ha observado en las dos culturas en las que se ha desarrollado: el viento es la identidad; el bosque, la integridad; el fuego, pasión y el bosque la infancia. Yokoi Kenji comparó el cerebro latino con el japonés, resaltando cómo cada uno responde a situaciones de emergencia de manera muy diferente. Según él, el japonés tiende a reaccionar de forma ordenada y metódica, mientras que el latino, impulsado por su naturaleza caótica y su entorno cultural, actúa rápidamente, a menudo tomando riesgos. Cuenta cómo, en situaciones de caos como incendios, los latinos se adentran en el problema en lugar de alejarse, lo que refleja una forma de pensar que responde a la acción inmediata, a diferencia de los japoneses, que suelen esperar la ayuda adecuada antes de intervenir. Kenji subrayó que esta actitud es producto de las experiencias vividas desde la infancia en América Latina, donde los niños crecen bajo constantes advertencias y amenazas, incluso de parte de sus padres, que les enseñan a enfrentar problemas con ingenio. Este entorno, lleno de riesgos y soluciones rápidas, entrena al cerebro latino para prosperar en el caos. Por eso, cuando un latino enfrenta problemas en culturas como la japonesa, su respuesta suele ser sorprendente. Cuenta la anécdota de cómo en una fábrica, un latino solucionó un problema técnico con un enfoque creativo, haciendo un simple agujero en una pieza, algo que los ingenieros japoneses no habían podido resolver. Este tipo de mentalidad, según Kenji, es altamente valorada fuera de América Latina, ya que permite resolver problemas complejos de manera eficiente, pero también tiene su lado negativo. El cerebro latino está tan acostumbrado a funcionar bajo presión y caos que, en entornos tranquilos y controlados como Japón, sufre. La tranquilidad, que para el japonés es un estado natural, se convierte en una fuente de ansiedad para el latino, quien se siente fuera de lugar en un entorno donde no hay problemas evidentes que resolver. Para Kenji, esta es la razón por la cual muchos latinos en el extranjero añoran su tierra natal, incluso con todos sus problemas, ya que es en ese caos donde se sienten más cómodos. También mencionó cómo, pese a su genialidad y habilidad para adaptarse, los latinos pueden tener dificultades con la puntualidad y el cumplimiento de reglas estrictas en otros países. Relata una historia sobre médicos latinos en Japón, quienes, a pesar de su gran habilidad y conocimientos, no lograban llegar a tiempo a ninguna de sus citas, desconcertando a los japoneses, quienes pensaban que había alguna razón profunda detrás de esa falta de puntualidad. Pero para el médico latino, simplemente era una cuestión de no poder adaptarse a esa expectativa, una diferencia cultural que refleja las complejidades del cerebro latino frente al orden riguroso de otras sociedades. También puedes leer: Palabras de Ricardo Dueñas en Expobienestar 2024 El conferencista colombiano explicó a lo largo de su charla cómo el caos y la creatividad son la zona de confort del cerebro latino, mientras que el orden y la disciplina definen el cerebro japonés. Ambas formas de pensar tienen sus ventajas y desventajas, pero lo que destaca en el cerebro latino es su capacidad de improvisación y adaptación, lo que lo convierte en un recurso invaluable en situaciones impredecibles. Finalmente, sus experiencias cautivaron a los asistentes de Expobienestar, quienes aplaudieron la ponencia de este speaker internacional.