De todas las formas de transporte, la aviación comercial ocupa el puesto más alto en impacto ambiental. Datos publicados por la AGH Universidad de Ciencia y Tecnología en Cracovia, hablan sobre un total de 2% a 3% de la polución global auspiciada solamente por esta creciente industria. Y viene dada especialmente por dos factores: la construcción de aeropuertos y su uso. En este sentido, los participantes de la aviación civil son la llave maestra de todas las puertas al cambio. Y la adaptación de sus prácticas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU para 2030, les abre camino. Pasos hacia la Ecoeficiencia El consumo de combustible necesario en la aviación es alto. Y gana la competencia de los transportes con mayor emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Pero esto ha hecho que las alternativas no abandonen la carrera. LATAM Airlines comenzó una aplicación a finales del 2018 que relaciona las implicaciones metódicas de volar un avión con el uso de combustible. La aplicación retroalimenta a los pilotos acerca de sus prácticas para que las decisiones de la tripulación durante el vuelo sean parte del uso eficiente de los recursos. Con esto, se logró un ahorro de combustible de 55,1 millones de galones en el 2018. El intento de utilizar electricidad en los vuelos comerciales ha complicado la lucha de la aviación con los GEI por las restricciones de peso para los aeroplanos. Sin embargo, las alianzas entre sectores empresariales con propósitos similares edifican nuevas oportunidades. Neste, la empresa de combustibles a base de materias primas renovables y Alaska Airlines firmaron un Memorandum de Entendimiento a finales del 2018. La tarea de introducir biocombustibles en la industria aérea es el objetivo de la alianza. Aeropuertos carbono neutro Para quienes trabajan bajo la filosofía de devolverle al planeta todos los recursos que han sido utilizados, la compensación de huella de carbono es la práctica ideal. El aeropuerto de Sydney, en Australia, busca llegar al 2025 siendo carbono neutro. El 75% de su electricidad ya proviene de fuentes eólicas. Y sus constantes inversiones en tecnología y planes de reducción de carbono hacen que su meta no esté lejos en el mapa. A pesar de los macro-esfuerzos del sector, los resultados serían nulos si el alcance no incluye al principal actor; el cliente. Un avión puertas adentro es el espacio perfecto para la introducción de buenas prácticas a los usuarios. En Alaska Airlines las cervezas embotelladas se han reducido al punto de inexistencia, han sido reemplazadas por cervezas enlatadas. Por otro lado, la aerolínea holandesa KLM sirve 9,4 millones de sándwiches elaborados sosteniblemente en sus vuelos europeos, apoyando así los procesos de producción alineados a la Agenda 2030. Además, ofrece a los usuarios una plataforma virtual con la opción de compensar su emisión de carbono al viajar. Mediante una alianza con Carbon Fund, el cliente certifica su vuelo como carbono neutro. Este modelo de servicio detalla una estructura diferente, que satisface no solo la necesidad del cliente, sino también las del mundo de la sostenibilidad.