La obra, bautizada en honor a las majestuosas aves suliformes que surcan los cielos ecuatorianos, no es solo una vivienda prefabricada, es un testimonio de compromiso, creatividad y respeto por nuestro planeta. Construida en tan solo dos meses en la ciudad de Quito, la casa viajó por mar y tierra para llegar a su destino final, Galápagos, lugar en donde se iba a instalar para convertirse en el hogar de Catalina, y su familia, quienes han sido residentes de las islas durante más de 40 años. Allí, con la dedicación de un equipo fijo de 4 personas y 6 itinerantes en diversas especialidades, el proyecto cobró vida en apenas un mes. Innovación y sostenibilidad Salir del continente con una casa en piezas es más que un acto de ingeniería; es una declaración de principios. Es apostar por la innovación y la sostenibilidad, es transmitir un mensaje de cambio y conciencia. Diana Salvador, la arquitecta y mente visionaria detrás de esta casa, expresa que esta “es una oportunidad para transmitir un mensaje por el cambio de conciencia y entender que se puede construir sin causar impacto negativo. La arquitectura del proyecto El diseño concilia la función con el confort interior planteando estrategias de bioclimatismo justificado sobre simulaciones térmicas dinámicas. La elevación de la casa facilita también, un posible desarme en caso de que requiera ser reubicada. El proyecto tiene sus piezas contadas, funciona con un “Lego” a gran escala que puede ser transportado en un camión e implantado en todo tipo de medio.Se minimiza al máximo el uso de hormigón, por ello se usó gaviones como cimentación, que pueden ser fácilmente desmantelados en caso de reubicación. El compromiso con el bienestar colectivo y el mínimo impacto en la huella de carbono se refleja en cada detalle del proyecto. Cada material, desde la madera hasta el vidrio, creando un espacio ambientalmente equilibrado. Cambios de paradigma: Pero más allá de su estructura física, el proyecto es un símbolo de empoderamiento femenino y cambio de paradigma en el mundo de la arquitectura. Diana, con su visión audaz y su compromiso inquebrantable, desafía los roles de género establecidos, demostrando que las mujeres pueden liderar el camino hacia un futuro más sostenible. En palabras de la propia Diana Salvador, ser arquitecta, madre y mujer es un desafío constante, pero también un privilegio que le permite marcar la diferencia en un mundo que a menudo parece hostil. Así, su visión de crear un hábitat que no solo sea habitable, sino verdaderamente inspirador, nos recuerda que cada uno de nosotros puede contribuir al cambio de conciencia y al bienestar colectivo.