Primero se llamó "El cerrito", pero hoy se le conoce como Villa Planchart, y sobre ella se han escrito innumerables elogios: que es una obra de arte del modernismo del siglo XX, una joya arquitectónica, un monumento vanguardista, quizás el legado más importante de Gio Ponti, reconocido como uno de los actores más influyentes de la renovación de la arquitectura y el diseño italianos de la posguerra. Más de un centenar de edificios llevan su firma en casi una decena de países, entre ellos la emblemática Torre Pirelli en Milán, que con sus 32 pisos fue la más alta de la Comunidad Económica Europea por varios años desde su culminación en 1960 y dominó el horizonte de la capital económica italiana por casi medio siglo. Catalogada como "uno de los rascacielos más elegantes del mundo", la Pirelli inspiró la construcción de otros edificios de gran altura, como el MetLife Building en Nueva York y la Alpha Tower in Birmingham, Reino Unido. "Gio Ponti no solo era arquitecto, sino también diseñador, escritor, profesor; hizo muchas cosas que cambiaron la manera de ver el diseño en el mundo", dice Cecilia Rostagni, profesora de Historia de la Arquitectura de la Universidad de Sassari, en Italia, y experta en la obra de Ponti. "Intentó difundir una nueva idea de modernidad que no estaba conectada con una lengua específica y que difería de los estándares internacionales. Él opinaba que la modernidad era algo cambiante que dependía de particularidades como el tiempo y el clima", prosigue. Una hacienda en la capital En la década de 1950, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial -que dejó a gran parte de Europa en ruinas-, Venezuela tenía una de las rentas per cápita más altas del mundo y era percibida por muchos europeos y latinoamericanos como un gran destino para emigrar, hacer riqueza y brindarles a sus hijos un mejor futuro. "Una casa sin paredes" Los Planchart volaron a Milán en septiembre de 1953 para reunirse con Gio Ponti y le describieron su casa de ensueño. "El terreno es lindo y hay una cosa que yo quiero mucho que es el cerro de El Ávila. La vista sobre él es preciosa. Quiero verlo. Además, me gustaría una casa que no tenga paredes", habría respondido Anala cuando Ponti le preguntó qué quería, según narra el documental El Cerrito del año 2006. También te puede interesar: EcoLodge Máncora: una muestra de arquitectura vegetariana Una escultura abstracta La construcción de la casa comenzó en 1955, después de que los Planchart y Ponti pasaran meses intercambiando ideas. Ese mismo año, el arquitecto adelantó en su revista Domus que en el diseño general del inmueble había una mezcla de soluciones técnicas y arquitectónicas con las que había experimentado mientras diseñaba el Instituto de Física Nuclear en Sao Paulo y el Instituto Italiano de Cultura "Fondazione Lerici" en Estocolmo. Un oasis Desde el porche, las vistas de 360 grados de Caracas son impresionantes, especialmente la que da al Ávila, la imponente montaña amada por los caraqueños, que separa la capital de El Caribe, y por la que Anala sentía predilección. La casa y sus muy verdes jardines, que suman cerca de dos hectáreas, son inmunes al incesante ruido de bocinas y de motores tan característico de la capital venezolana. Fuente: BBC