En esta edición de Ekos Violeta destacamos la historia de Kevin, quien forma parte del Movimiento Por Ser Niña. Su perfil ejemplifica cómo la educación y la lucha diaria por los derechos humanos pueden generar grandes resultados. Su historia es un llamado a la colaboración de todos los sectores de la sociedad. Kevin nos enseña que, independientemente de ser hombre o mujer, todos tenemos el poder de unirnos al cambio. Pertenezco al Movimiento Por Ser Niña. Se preguntarán por qué un hombre está en un movimiento que reúne a niñas. Les explico. En 2018, ingresé al proyecto Zona Libre de Embarazo Adolescente (ZLEA), que capacita a jóvenes sobre sus derechos sexuales y reproductivos. En 2020, en plena pandemia de Covid-19, me vinculé más a esta iniciativa. En esas fechas, las capacitaciones fueron más fáciles y con más frecuencia porque podíamos intervenir desde casa. Antes de graduarme, fui al colegio con la camiseta color magenta que representa al Movimiento. Quienes eran mis compañeros de clase en ese entonces, se burlaron de mí, porque ese color “es de niñas”. Yo estaba muy orgulloso de vestir la camiseta, pero ellos lo veían mal, tanto así que se alejaron, y me apartaron. No me querían hablar, me decían que era “raro”. Muchos adolescentes hombres tienen miedo de involucrarse en el Movimiento, porque dicen: ¿qué hace un niño dentro de algo que se llama “Por Ser Niña”? Me costó mucho hacerles entender que un color no significa nada, que ser parte de “Por Ser Niña” busca conseguir una igualdad de género. Lastimosamente, el hombre es el actor detodas las desigualdades y mis compañeros no lo entendían. Pienso que si los hombres no se involucran por un cambio se logrará muy poco comparado con lo que se podría conseguir si trabajamos juntos. Llegué sin saber nada. Llegué con miedo de no saber qué decir, hacer u opinar. Pero lo que trabaja Plan International Ecuador es mejorar nuestra autoestima y eso me gustó bastante. Muchas personas no confían en sí mismas. Creen que son incapaces de hacer algo. He aprendido que tengo la voz necesaria para hablar ante muchas personas. Sé que puedo salir a reclamar lo que por ley me corresponde, que puedo pararme y proyectar todo lo que tengo que decir a las autoridades, que tengo derechos y que debo exigir que se cumplan; algo que, lastimosamente muchos jóvenes no logran. Al igual que otras personas de mi edad, el movimiento me ha formado para replicar este trabajo en nuestras comunidades, empezando por nuestros amigos y familiares. Gracias a esos procesos de aprendizaje he podido desempeñar otros cargos y actividades. Actualmente soy el vicepresidente del Consejo Consultivo Nacional de Adolescentes, cargo que asumí cuando tenía 17 años. También soy uno de los coordinadores nacionales de la Red de Organizaciones por la Defensa de la Niñez y Adolescencia (RODDNA), donde figuro como delegado del Movimiento Por Ser Niña. Nosotros los adolescentes y jóvenes, hemos armado proyectos y los hemos ejecutado. Proyectos que algunos adultos piensaban que no lograríamos. Nosotros tenemos las ideas y trabajamos para alcanzar los presupuestos para talleres o campamentos. Por ejemplo, hace poco, cinco jóvenes de 17 y 18 años del Consejo Consultivo logramos realizar un campamento para 42 personas, a nivel nacional. Para mí fue gratificante demostrar que si bien somos jóvenes, tenemos la capacidad de hacer grandes cosas Comúnmente, los adultos utilizan a los niños para sus fotos. Yo quiero que no nos utilicen, sino que nos dejen participar, tomar nuestras propias decisiones, que nos escuchen. Es común ver que cuando un adolescente de 15 años habla con voz fuerte, es juzgado rápidamente, piensan que un adulto le ayudó a escribir el discurso y no es así. Los adultos tienen muchos prejuicios en torno a los jóvenes que se deben romper. Los jóvenes tenemos mucho potencial y solo pedimos que un adulto nos apoye, que nos guíe para hacer los trámites o pedir documentos. Queremos demostrar que sí bien es duro transmitir nuestras ideas a más de seis millones de niñas, niños y adolescentes del Ecuador, sí podemos liderar acciones. Pero no todo es malo, sí existen adultos que nos han apoyado mucho con esta tarea. Cuando inicié en el Movimiento, no fue fácil de entender para mi familia. Simplemente, mis padres no estaban de acuerdo. Mi papá, por ejemplo, estaba en contra de mis procesos de aprendizaje en el Movimiento porque decía que pasaba mucho tiempo fuera de casa y que no aportaba en el hogar. Me decía: “de qué me sirve, como padre, mandarte a que estés dos horas escuchando a esas personas”. También te puede interesar: "Movimiento Niñas no Madres: 5 años transformando la vida de las niñas víctimas de violencia sexual en Ecuador y Latinoamérica" Yo no sabía qué responderle, solo agachaba la cabeza. Pero cuando se dieron cuenta de todas las acciones que yo replicaba en el hogar, cuando vieron que soy una persona que se involucra y que mi voz sí tiene poder, a mi familia se le ablandó el corazón. Mi papá era una persona que no se involucraba en el hogar. Él iba al trabajo y no existía nada más. Para mí, era un padre ausente-presente, me refiero a que él estaba tan enfocado en su trabajo que llegaba a la casa y solo descansaba. Nunca pasaba tiempo con nosotros ni estaba presente en mis triunfos en la escuela; por ejemplo, cuando gané el intercolegial de teatro o cuando me dieron un certificado por otra actividad. Pero todo cambió un día que tuvimos una importante conversación. Recuerdo que ahí siempre estaba mi mamá. Yo me preparé mucho para esa conversación con mi papá. Un día le dije: luego de la merienda, quiero hablar contigo, quiero hacerte conocer lo que verdaderamente siento. La conversación fue sentida y angustiosa. Luego él mismo se cuestionó ¿cómo ayudo en el hogar?, ¿qué hago? Aún no consigo un cambio al 100%, porque los adultos tienen miedo a bajar la guardia y tienen miedo a enfrentarse a nuevas cosas. Pero hoy, luego de todo este camino puedo decir que soy un líder, sé que debo acompañar a mi grupo porque hay mucho que aprenderemos juntos en este proceso. El Movimiento “Por Ser Niña” ha dejado una marca muy positiva en mi vida.