Esta contaminación acústica puede alterar la biodiversidad y afectar los comportamientos y procesos fisiológicos de muchas especies marinas, poniendo en peligro ecosistemas enteros. También puedes leer: Healing Boat es el nuevo robot ecológico que busca recuperar los ecosistemas acuáticos Un análisis exhaustivo de más de 2.800 estudios reveló que la mayoría de las especies que habitan la CCZ son sensibles al sonido, pero solo se ha investigado el impacto del ruido en un 35% de esa biodiversidad. La CCZ, una llanura submarina del tamaño de dos veces India, es la mayor zona de exploración mineral del mundo, rica en nódulos polimetálicos con metales críticos para la transición energética, como cobalto, níquel y manganeso. Para la industria, estos minerales son esenciales; para los gobiernos, un foco de disputa global; y para la comunidad científica, un motivo para aplicar el principio precautorio. Según Travis Washburn, profesor adjunto de Texas A&M University, “el tema es una gran incógnita la mayor parte del tiempo”, ya que la información sobre los efectos del ruido en la vida marina, incluso en aguas menos profundas, es muy limitada. Los impactos del ruido van desde alteraciones fisiológicas hasta cambios en el comportamiento de las especies. Hasta un tercio de los peces en la CCZ son soníferos, es decir, utilizan el sonido para comunicarse, reproducirse, evitar depredadores y buscar alimento. Lucille Chapuis, experta en bioacústica marina, advierte que “si añadimos ruido al sistema, estas funciones pueden interrumpirse”, lo que podría tener consecuencias devastadoras para la supervivencia de estas especies. Además, los invertebrados, que constituyen la mayor parte de la biodiversidad en la CCZ, están masivamente subrepresentados en los estudios, por lo que se desconoce cómo responden al ruido o si siquiera pueden percibirlo. La falta de transparencia de las compañías mineras sobre los niveles de ruido que generan dificulta aún más la evaluación del impacto ambiental. Para especialistas en gobernanza oceánica, como Daniel Cáceres, el ruido generado por la minería submarina no es un problema remoto, sino que podría afectar especies migratorias, cadenas alimenticias y ecosistemas conectados con las costas de América Latina. Este estudio introduce una nueva dimensión de vulnerabilidad ecológica, que va más allá del ruido físico para incluir su impacto biológico y evolutivo. También te puede interesar: El Parque Empresarial Austral se convierte en el primero del país en operar con energía 100% renovable En paralelo, la minería submarina avanza y la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) ha otorgado 31 licencias de exploración, 17 de ellas en la CCZ. Sin embargo, más de 30 países, entre ellos varios latinoamericanos, se oponen a la explotación comercial sin evidencia científica sólida que garantice la protección ambiental, apoyando una moratoria para evitar daños irreversibles. Finalmente, expertos como Alejandro Olivera, del Center for Biological Diversity, señalan que “el reto ahora es poner de acuerdo a la humanidad para proteger un patrimonio que es de todos… ecosistemas que ni siquiera conocemos, donde estaríamos destruyendo formas de vida que aún no hemos descubierto”. La minería submarina no solo amenaza la biodiversidad, sino también la capacidad de los océanos para mitigar el cambio climático y sostener la vida en el planeta. Fuente: SciDevNet América Latina