Según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censos, hay poco más de 2.800 bares en la ciudad. Todos ellos con sus imprescindibles máquinas de café. Todos sirviendo decenas de miles de pocillos todos los días. Para prepararlos se usa unos siete gramos de café, de los cuales sólo uno llega a la taza junto al agua. El resto es residuo: la "borra" que comienza a acumularse en las bolsas de cada establecimiento. Cada cafetería descarta un promedio de cinco kilos por día. Camila Castro Grinstein, creadora y directora de Etimo Biomateriales, cuenta que cuando estudió Diseño Textil, empezó a pensar en nuevas materialidades. “Fui investigando, trabajando y formándome con los biomateriales. Analicé la yerba mate, pero su consumo es hogareño y resulta difícil hacerse del residuo. Comencé a ver qué hay a mi alrededor. Así fue como fue surgiendo la idea de una taza hecha con la borra del café. Buscamos reducir el uso de las tazas descartables, que no son biodegradables ni reciclables”. El producto estrella, que ya está en algunas cafeterías de la ciudad y pronto sale a la venta al público, se llama Borra, una taza compuesta de materiales biobasados provenientes de almidones y borra del café, sin componentes derivados del petróleo y 100% biodegradable. Actualmente, trabajan con 11 cafeterías de la ciudad que cuidan su materia prima y se interesaron por el proyecto. Algunas también ayudan para realizar el testeo del producto y brindar un feedback para mejorarlo, ya que ellos lo usan de forma intensiva.También te puede interesar: SWG3: La discoteca que usa la transpiración de las personas como energía térmica “Tenemos una capacidad de producción de 4.000 tazas mensuales. Si tenés la intención de hacer algo sostenible, necesitás reciclar grandes cantidades de residuos para lograr un impacto positivo. La idea es lograr una vuelta de la comida a la mesa. Si uno imagina un futuro distópico y fatalista, en el que se acaba todo, siempre quedará la cáscara de algo”, analiza Castro Grinstein. “Hay que entender qué es una buena gestión de residuos. No todo lo orgánico termina en el lugar correcto. Si acaba en un basural, la borra genera contaminación por los gases que libera”. Y finaliza: “No existe una única solución. Debemos hacer un poco de compost, otro de reciclables y otro de reciclado para producir menos residuos plásticos. Así vamos equiparando y haciendo un balance. Tenemos que buscar un equilibrio”. El emprendimiento de las tazas de café forma parte de una pequeña gran red en Argentina que busca reducir el consumo de plásticos de un solo uso a partir de residuos orgánicos. Los proyectos de las tazas hechas a partir de la borra del café es un buen ejemplo de cómo gestionar los residuos. Iniciativas así son muy interesantes porque ven los materiales no como basura sino como recursos. El gran problema son los costos, que terminan siendo determinantes. Para eso es necesario trabajar en alianzas con la propia persona que genera el residuo, el que lo recolecta, el del procesamiento y el cliente final. Fuente: El País