De acuerdo al informe publicado en diciembre, el 10% más rico del mundo captura actualmente 52% del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre de la población se queda con 8,5%. Estas diferencias son más pronunciadas en el caso de la riqueza, dado que la porción que le corresponde al tramo superior asciende a 76% de la riqueza total. A nivel geográfico, la desigualdad varía significativamente. En un extremo, la participación del 10% más rico en Europa se ubica en torno a 36%, casi el doble respecto de la participación de la mitad inferior de la distribución del ingreso. En el otro extremo, en Oriente Medio y África del Norte, el 10% de mayores ingresos captura 58% del ingreso total, 50 puntos porcentuales más que la mitad inferior de la distribución. En el caso de América Latina la brecha es menor, pero no muy distinta: el 10% superior captura 55% de la renta nacional (mientras que el 50% de menores ingresos se apropia de 10%). Obviamente, como evidencia el gráfico 1, las disparidades son mucho más pronunciadas en el caso de la riqueza. En particular, en nuestra región el 10% más pudiente se corresponde con 77% de la riqueza total, al 40% del medio le toca 22% de ese total y al 50% restante le queda apenas 1%. Naciones más ricas, gobiernos más pobres En el correr de las últimas cuatro décadas los países han incrementado su riqueza, pero sus gobiernos se han empobrecido, una tendencia que se acentuó luego de la irrupción de la pandemia: en los últimos veinte meses los gobiernos tomaron prestado el equivalente a 10-20% del PIB, esencialmente del sector privado. “La participación de la riqueza en manos de los actores públicos es cercana a cero o negativa en los países ricos”; la totalidad de la riqueza está en manos privadas. Esto, naturalmente, restringe las capacidades estatales para abordar la dinámica de la desigualdad y el resto de los desafíos que tenemos por delante a nivel global, como el cambio climático. En este marco, la expansión de la riqueza privada también ha sido desigual dentro de los países y a nivel mundial. En ese sentido, los multimillonarios han ido capturado una parte desproporcionada del incremento que experimentó la riqueza durante las últimas décadas: el 1% superior se quedó con 38% de toda la riqueza adicional acumulada desde mediados de los 90, mientras que el 50% inferior capturó apenas 2%. Por un lado, las tasas de crecimiento de la riqueza entre la mitad más pobre de la población se ubicaron entre 3% y 4% anual entre 1995 y 2021. Obviamente, ese crecimiento operó sobre niveles de riqueza muy bajos, porque el salto de nivel no fue muy significativo (en términos absolutos). Por otro lado, las tasas de crecimiento observadas para el 1% más rico fueron más elevadas, y crecen significativamente hacia el extremo más alto de la población. En este contexto, durante el último cuarto de siglo la participación de la riqueza mundial propiedad del 0,01% más rico creció de 7% a 11%. La pandemia también apuntaló la porción de riqueza en manos de los multimillonarios, que pasó de 1% a 3% durante esa ventana de tiempo. En efecto, “2020 marcó el aumento más pronunciado registrado en la participación de los multimillonarios en la riqueza del mundo”. Desigualdades de género Esta edición del informe proporciona las primeras estimaciones de la desigualdad de género en los ingresos globales: la participación de las mujeres en los ingresos laborales totales se acercó a 30% en 1990 y se sitúa en menos de 35% en la actualidad; los hombres representan el 64% de los ingresos laborales totales. En ese sentido, los avances registrados durante las últimas décadas fueron menores y con una dinámica bien diferenciada entre países que pautó retrocesos en varias regiones. La participación de los ingresos femeninos en los ingresos laborales mundiales fue de 31% en 1990 y se acerca a 35% en 2015-2020. Fuente: La Diaria