¿Una casa prefabricada con un ojo en la fachada? Sí, lo has visto bien. Lo que quizá no sabes es que se “cierra” por la noche y se “abre” por la mañana, dando los buenos días a la callecita suiza en la que se emplaza la vivienda. En realidad, se trata de un efecto óptico desarrollado por los artistas zuriqueses Drzach&Suchy. El mismo se consigue gracias a las sombras proyectadas por distintos relieves creados en la madera de la fachada con ondas CNC (Control Numérico Computarizado). Esa es una de las sorpresas de la casa prefabricada, pero hay más. La casa donde viven la arquitecta Anna Jach y su familia, ideada por ella misma, no ha escatimado en detalles originales, como las ventanas redondas o el columpio interior, que añade una nota de diversión a la enorme biblioteca. Y eso sin hablar del propio método constructivo del edificio, que aúna rapidez y sostenibilidad. “El mayor desafío al que nos enfrentamos fue el limitado tiempo que teníamos para construir, pues no teníamos un lugar donde quedarnos mientras tanto”, recuerda Jach. De hecho, el inmueble del que hablamos es un anexo de 55 metros cuadrados añadido a una casa en proceso de remodelación, por lo que era necesario levantarlo rápido para habilitarlo como vivienda mientras tenían lugar las obras.También te puede interesar: UTE abre nuevo campus en Manabí Una construcción rápida y con una huella de carbono mínima Para agilizar el proceso de construcción, se emplearon paneles prefabricados de madera de pino y celulosa, tipo sándwich, con gran capacidad aislante, que fueron montados juntos in situ por cuatro personas mediante una grúa móvil en tan solo cinco horas. Y eso que lo estrecho de la calle, que además es muy concurrida, hacía muy difícil manejar la maquinaria. Como acabado, se añadieron tablones de madera verticales con uniones ranuradas y machihembradas, lo que permitió usar una cantidad reducida de tornillos y pernos. En el interior, los paneles se dejaron desnudos para promover el intercambio natural de humedad, lo que proporciona un clima interior agradable con perpetuo olor a madera de pino fresca. El único tratamiento aplicado, que no merma estas capacidades, fue una capa de aceite de lino natural combinado con un 5% de pintura mineral blanca, para evitar que la madera amarillease con el tiempo. La prefabricación de todos estos materiales, cortados mecánicamente en una fábrica a tan solo 37 kilómetros de la obra, disminuyó tanto el tiempo de ejecución como la huella de carbono del proceso. A ello también contribuyó el hecho de usar madera local y celulosa. Por si fuera poco, el excedente de tierra causado por la excavación se empleó como base para el jardín, y se instalaron paneles solares en la azotea y una bomba de calor que proporciona energía eléctrica y agua caliente de manera sumamente eficiente. Además, el espesor del aislamiento (con paredes de 40 centímetros) consigue que el coste de calefacción se reduzca en un 50%. Todo ello es la consecuencia obvia de la carrera de Jach, cuyo estudio, muy preocupado por el cambio climático, se centra en la sostenibilidad, la reutilización de materiales y la reducción de los residuos de construcción. La arquitecta, de hecho, explora incansablemente con herramientas y métodos nuevos para crear proyectos utilizando tierra y materiales biológicos como paja, cáñamo, cal y tierra apisonada con eficiencia y creatividad. No obstante, más allá de sus capacidades constructivas, también hay otro de los sellos de su estudio en la casa prefabricada: la implementación de características identificativas propias a cada uno de los proyectos, ideados de manera que reflejen la personalidad de quienes los habitan. El ojo que ‘saluda’ y el artístico dosel de la puerta principal, de Zieta Studio —que recuerda al famoso Cloud Gate de Anish Kapoor— son las más obvias, aunque tampoco se pueden pasar por alto las originales proporciones del espacio interior, de reminiscencias japandi. Fuente y Fotos de: AD