Durante el periodo de reclusión en los hogares debido a la pandemia causada por la Covid-19 “empecé a recibir consultas de personas que me preguntaban qué pájaro era aquel que veían detrás de su ventana o qué plantas habían aparecido en su calle o jardín”, cuenta Gallego. En su libro, repasa cuestiones relacionadas con la naturaleza más común, la más próxima, a la que el escritor confiesa que le hemos dedicado “muy poca atención desde el mundo de la divulgación y desde el mundo editorial sobre todo”. Todo aquel que se dedica a la divulgación de la naturaleza, reconoce Gallego, “hemos caído en el hechizo y en la fascinación de los grandes mamíferos”, como el lobo, el oso o el lince, o de las grandes rapaces, como el águila imperial o la real, el buitre negro… Y, ciertamente, agrega, se ha prestado poca atención a lo común porque lo “dejábamos por sabido”, pues “¿a quién le va a interesar el gorrión o la lagartija? ¿Quién puede prestar atención al sapo?”. Pero resulta “que en eso común y en eso que para nosotros tenía poco de sorprendente radica la verdadera magia de la naturaleza”. Sólo basta con andar por la calle y, en el rincón más insospechado, ahí, de repente, una planta ha decidido romper el asfalto, emerger, salir a la vida. También te puede interesar: Las inversiones en la naturaleza deben triplicarse para 2030, el G20 debe impulsarlas entre el sector privado Una mirada puesta en la naturaleza más cercana que también tiene en cuenta especies como la araña, la cucaracha o la rata, animales que tienen “mala prensa”, pero si pretendes ser honesto y leal con el lector, no las puedes evitar, apunta. “Pido al lector y casi le suplico que les dé 30 segundos, un instante siquiera, que lea lo que le voy a contar sobre quién es la cucaracha, el sapo, el pececillo de plata, la araña o, incluso me atrevo a decir, quién es la rata”, insiste el autor. Gallego invita a conocer al menos “qué hay detrás de esas especies a las que tú llamas bichos y que, en realidad, son animales que no han tenido la suerte de ser tan bellos como la mariquita o la ardilla”. “Cuando ya llevábamos muchos días en casa con nuestros asuntos y afanes, de repente un día abrimos la cortina y vimos que los árboles que tenemos en la calle delante de nuestra vivienda estaban poblados de pájaros”, recuerda. Además, valora que durante el confinamiento ocurrió un “hecho milagroso”: la naturaleza fue protagonista de las calles. “Mucha gente dijo que los animales estaban invadiendo las calles. Mentira. Los animales estaban ahí, eran los mismos. Lo único es que cuando el ser humano se retiró a sus aposentos, los animales salieron al salón”, concluye Gallego. Fuente: EFEverde