Meditar. Al escuchar esta palabra seguramente puede venir a la mente una imagen cliché: las piernas cruzadas en posición flor de loto, ojos cerrados y música relajante, pero es más que eso: según estudios, esta actividad contribuye a la salud física y mental. La investigación científica ha demostrado que la meditación no solo aporta calma mental, sino que también genera cambios tangibles en el organismo. Un estudio en Frontiers in Psychology evidenció modificaciones estructurales en el cerebro, especialmente en regiones vinculadas con la atención, la autoconciencia y la regulación emocional, lo que favorece un mejor desempeño cognitivo y una mayor estabilidad emocional. En la misma línea, un trabajo publicado en Psychosomatic Medicine reveló que las prácticas de atención plena ayudan a reducir significativamente los síntomas del estrés, incluyendo fatiga, problemas de sueño y agotamiento emocional, en personas sometidas a alta presión. Por otro lado, sus efectos no se limitan a la mente: una revisión sistemática en el Journal of the American Medical Association concluyó que la meditación puede ser un aliado terapéutico para mejorar la salud física, contribuyendo a disminuir la presión arterial, manejar el dolor crónico y reducir la ansiedad, consolidándose así como una práctica integral para el bienestar. También te puede interesar: Titi Larrea: Fitness, Comunicación y Empoderamiento Femenino La ciencia detrás de la meditar, orar y escuchar música Para entenderlo desde la ciencia, según Newman Institute, una plataforma dedicada al cuidado de la salud mental, la meditación puede activar el área del prefrontal medial y reducir la actividad en el sistema nervioso simpático, lo que puede contribuir a la reducción de los síntomas de la depresión y a una mayor capacidad de enfoque. Además de la meditación tradicional sentada o tumbada con los ojos cerrados, hay una gran variedad de prácticas meditativas que incluyen caminar con los ojos abiertos y enfocarse en una parte específica del cuerpo. Lo que es común entre estas prácticas es que activan ciertas áreas del cerebro y reducen la actividad en otras. Por otro lado, la BBC News Mundo publicó un artículo en el que explica qué le pasa a nuestro cerebro cuando meditamos o rezamos. El neurocientífico Andrew Newberg, director del Instituto Marcus de Medicina Integral de la Universidad Thomas Jefferson (EE.UU.), ha estudiado con resonancias magnéticas lo que pasa en la mente durante la oración. Según explica, cuando alguien repite plegarias se activa el lóbulo frontal, encargado de la concentración; sin embargo, en estados de “oración profunda”, la actividad en esta zona disminuye y también se reduce en el lóbulo parietal, lo que genera una sensación de trascendencia y pérdida del sentido del yo. La experiencia no es exclusiva de la religión: prácticas como la meditación mindfulness producen efectos similares. Para la especialista Tessa Watt, tanto rezar como meditar activan el sistema nervioso parasimpático, encargado de la calma y la recuperación, lo que ayuda a controlar emociones y reducir el estrés. El artículo también cita al sociólogo Blake Victor Kent (Westmont College), quien habla de la teoría del apego: las personas con vínculos inseguros en la infancia pueden tener dificultades con su experiencia espiritual. La creatividad también entra en juego. Newberg señala que estudios con músicos muestran que durante la improvisación se apagan los lóbulos frontales, de manera muy parecida a la oración profunda, lo que sugiere que la experiencia trascendental puede darse a través de la música, el arte o la religión. La psicóloga Laurie Santos (Universidad de Yale), citada en el mismo reportaje de la BBC, añade que estas prácticas no solo calman la mente, sino que entrenan al cerebro para estar más presente y feliz. De esta manera, tanto la oración como la meditación —y hasta la creación artística— comparten mecanismos neurológicos que nos conectan con algo más grande que nosotros mismos. 7 Actividades que nos conectan con la meditación Hay varios aspectos que nos conectan con la meditación, según Mayo Clinic, estas son algunas: 01. Respiración profunda. Es bueno para principiantes, ya que respirar es una función natural. Mayo Clinic aconseja dirigir toda tu atención a la respiración. Siente y escucha tu respiración mientras inhalas y exhalas por la nariz. Respira profundamente y despacio. Cuando tu mente divague, vuelve de a poco a prestar atención a tu respiración. 02. Lee y reflexiona. Muchas personas afirman que se benefician al leer poemas o textos sagrados, y al tomarse un momento para reflexionar sobre sus significados. Puedes escuchar música sacra, palabras o cualquier música que te relaje o inspire. Puedes escribir tus pensamientos en un diario y hablar sobre ellos con un amigo o un líder espiritual. 03. Camina y medita. Meditar mientras caminas es una forma saludable de relajarte y puedes hacerlo en cualquier lugar, como un bosque, la acera o un centro comercial. Camina despacio para concentrarte en cada paso, sin fijarte en el destino. Concéntrate en tus piernas y pies, y repite mentalmente verbos como levantar, mover y asentar mientras caminas. Presta atención a lo que percibes a tu alrededor: lo que ves, oyes y hueles. 04. Reza. Muy aparte de las creencias religiosas, la oración es el tipo de meditación que más se conoce y practica. Existen oraciones, ya sean orales o escritas, en la mayoría de las tradiciones religiosas. Puedes hacerlo con tus propias palabras o leer oraciones que otras personas han escrito. 05. Observa tu cuerpo. Cuando apliques esta técnica, dirige tu atención a cada parte de tu cuerpo. Toma conciencia de cómo se siente tu cuerpo. Puede sentir dolor, tensión, calidez o relajación. Combina la técnica de observar tu cuerpo con ejercicios de respiración y piensa que inhalas y exhalas calor o relajación hacia las distintas partes de tu cuerpo y desde estas. 06. Repite un mantra. Puedes crear tu propio mantra. Puede ser religioso o no. Algunos ejemplos de mantras religiosos incluyen la oración de Jesús en la tradición cristiana, el nombre sagrado de Dios en el judaísmo o el mantra om del hinduismo, budismo y otras religiones orientales. 07. Enfoca tu amor y bondad. En este tipo de meditación, piensa en los demás con sentimientos de amor, compasión y bondad. Esto puede ayudar a que te sientas más conectado con el resto de las personas. Disciplinas que contribuyen al mindfulness Hay diferentes disciplinas que ayudan a meditar, algunas son legendarias y contienen mucho conocimiento ancestral. 01.Yoga El yoga es una disciplina física, mental y espiritual originaria de la India. Combina posturas (asanas), técnicas de respiración (pranayama), meditación y ética para promover la salud, el bienestar y el equilibrio interior. Su práctica regular mejora la flexibilidad, fuerza y concentración, además de reducir el estrés y la ansiedad. El yoga busca la unión entre cuerpo, mente y espíritu, promoviendo la armonía y la paz interior. Se adapta a diferentes niveles y necesidades individuales. 02. Running El running, cuando se enfoca en mindfulness y meditación, se convierte en una práctica que va más allá del ejercicio físico. Consiste en correr con plena conciencia del momento presente, prestando atención a la respiración, el ritmo del cuerpo y los pensamientos. Esta práctica ayuda a reducir el estrés, mejorar la concentración y conectar con uno mismo. Al integrar la meditación en la carrera, se cultiva la calma mental, se fortalece el bienestar emocional y se favorece una mayor claridad mental. 03. Soundhealing El sound healing (sanación a través del sonido) es una práctica terapéutica que utiliza vibraciones sonoras para promover la relajación, el equilibrio emocional y la sanación física. Se emplean instrumentos como cuencos tibetanos, gongs, cuerdas y frecuencias específicas para resonar con el cuerpo y la mente. Estas vibraciones pueden ayudar a reducir el estrés, liberar bloqueos emocionales y mejorar la energía vital. Fomenta la conexión profunda con uno mismo. 04. Tai Chi y Qi Gong El Tai Chi y el Qi Gong son disciplinas chinas que combinan movimientos suaves, respiración controlada y concentración mental. El Tai Chi se enfoca en secuencias lentas de movimientos fluidos que buscan la armonización del cuerpo y la mente, promoviendo el equilibrio y la salud. El Qi Gong, por su parte, trabaja con la energía vital (Qi) mediante ejercicios físicos, respiratorios y meditativos. Ambas prácticas mejoran la flexibilidad, reducen el estrés y aumentan la vitalidad.