El modernismo fue un movimiento clave en la historia ecuatoriana, que no solo tuvo impacto a nivel de grandes masas como las de Quito y Guayaquil, sino también en Loja. En su comienzo, la vivienda en la colonia debió acomodarse a las enseñanzas de la nueva cultura, aunque la indígena se resistió orgullosamente al desplazamiento. La arquitectura colonial enfatizó la vida familiar orientada hacia el interior de la vivienda con el uso de patios centrales. Así lo mencionó Karina Monteros Cueva en su obra ‘Proyecto Lojanidad’. En este periodo, el tapial, adobe, bahareque y la teja fueron los materiales utilizados en la construcción de edificios y viviendas. Mientras tanto, a un nivel urbano, las leyes I, IX, y XI de Indias promovieron el trazado de la ciudad que parte de una plaza matriz y frente a ella, la iglesia principal, de la cual salen cuatro calles en retícula, dando a Loja una visión Europea. Con el paso del tiempo, Loja sufrió algunos cambios que serían relevantes en su historia, desde el terremoto de enero de 1797 que acabó con la época dorada, las guerras civiles de 1820 y el nuevo terremoto de 1895. El siglo XX vendría con un cambio de visión, pues además de la incorporación de infraestructura básica, en 1905 se realizó el primer plan de ordenamiento territorial que, entre otras tantas cosas, fue el puntapié inicial que llevó a la ampliación del centro histórico a 50 manzanas y, así, dar paso a la transformación de Loja. Entramos al siglo XX Una de las etapas más importantes de la ciudad llegaría en 1940, según destacan Karina Monteros y Nixon Cuenca en su investigación ‘Edificios históricos: Fraccionamientos y Afectaciones Urbanas- Arquitectónicas’. En esta década, el prototipo de ‘la ciudad ecuatoriana’ se redefine gracias a los precursores de la ‘investigación urbana’ en el país. Los arquitectos Gilberto Gatto Sobral y Jones Odriozola, ambos uruguayos, vinieron influenciados con las teorías del urbanismo moderno y del funcionalismo, propias de los congresos de arquitectura moderna (CIAM), para realizar estudios de los planes reguladores en algunas ciudades como Quito, Latacunga, Ibarra, y Loja. Allí se pre configuró una imagen deseada de ciudad, que tiene más relación con modelos ideales especialistas traídos del exterior y con una realidad urbano-regional. El alto nivel de migración hacia las zonas urbanas hizo que Loja, al igual que las grandes ciudades, se adapte a un estilo modernista. Sin embargo, los constructores de ese tiempo, no contaban con los materiales característicos de aquel momento, lo que dio como resultado una arquitectura con sencillez y limpieza en fachadas. A principio de los 50s, empezó el uso del hormigón lo que provocó la elaboración de soluciones estructurales innovadoras en el tiempo. Este “pseudo modernismo”, como lo llamaron, resultó en un detonante que produjo que varios edificios sean derrumbados al no estar alineados con este estilo, y otros tantos sean fraccionados. Tal es el caso de la parroquia de Santo Domingo, que para 1955 había reducido en 25 % su tamaño original; lo mismo sucedió con el convento de las Madres Concepcionistas, cuya franja de terreno fue vendida a una entidad bancaria en 1964 a causa del comercio creciente. No obstante, la construcción de nuevos proyectos como el Banco de Loja o el edificio de la Prefectura, abrieron camino a una nueva ola estilística que llamaría la atención de muchos. Los primeros ejemplos modernos llegaron de la mano de la construcción del edificio del Seguro Social en los 50’s, época en la que estas edificaciones tipo villa y sin retiro frontal, tomaron del modernismo y crearon un nuevo criterio. Por su parte, los 60s se caracterizaron por responder a las nuevas demandas de la sociedad lojana, ante un crecimiento poblacional y urbano sin precedentes. El uso de nuevas tecnologías constructivas permitió el uso y adopción de grandes ventanales y el uso de diafragmas de hormigón armado -por citar algunos- lo que permitió la construcción de edificaciones nunca antes vistas, con diseños nuevos y muy imponentes, pero que a su vez, presentan problemas de iluminación y de circulaciones en sus soluciones espaciales. En esta época se edificó un solo templo religioso: la capilla Milagrosa de la comunidad de las Hermanas de la Caridad. Además, empezaron a aparecer los edificios de vivienda de uso mixto de tres y cuatro pisos. El diseño simétrico perdió protagonismo, mientras la estética asimétrica toma fuerza debido a referencias internacionales. Los ingenieros civiles y algunos arquitectos extranjeros de la época gestionaron estas obras, mientras que los arquitectos lojanos estaban preparándose académicamente en Quito y Guayaquil. El éxito de los 70s y la caída a finales de los 80s Los 70s se convirtieron en la época de oro del modernismo lojano. La gente veía con mejores ojos a los arquitectos locales, al igual que se hacía más visible la calidad y el estilo que llevaban las edificiaciones. Sin embargo, el verdadero éxito respondió al crecimiento urbano de la ciudad que, a su vez, incrementó el comercio del sector artesanal y el número de almacenes, que pasaron de ser 14 en 1960, a 91 en 1975. Durante este periodo también se construyeron los edificios de los poderes ejecutivo, legislativo y cultural; el edificio del IESS y se desarrolló el campus de la Universidad Técnica Particular de Loja.Por otro lado, la construcción religiosa también cambió y se enfocó en grandes ventanas, con espacios internos aptos y bien iluminados. El bajo crecimiento poblacional y urbano durante el final de la década de los 70s, notablemente inferior al de la década de los 60s, marcó el declive de la arquitectura moderna hacia su progresiva desaparición. El crecimiento sostenido, según el INEC, se mantuvo en un 4,2 y 4,5 a nivel anual, siendo esto una característica principal de la baja demanda de nuevas construcciones residenciales y el lento abandono del estilo internacional al momento de construir. Es así que, como destaca Jorge Venegas, llegó la arquitectura regionalista, una medida imperante hacia un estilo alejado del internacional. La arquitectura institucional empezó a tomar fuerza en este periodo y se tomó la tarea de incentivar el desarrollo de Loja. En esta época se dio la construcción de la empresa eléctrica regional del sur EERSSA, la Dirección Regional de Salud de Loja, el Hospital del Seguro Social y el Coliseo Santiago Fernández García. Estas construcciones poseen un característico uso de ventanales de gran dimensión, el hormigón armado se convirtió en el sistema constructivo más popular; así también como el uso natural de materiales, principalmente en las fachadas y revestidos. Se apostó por una iluminación directa, volados, y una distribución más funcional en interiores. La altura también comenzó a sentirse en la ciudad, pues edificios privados alcanzaron una elevación de hasta cuatro pisos, con fachadas donde primó el hormigón visto o la textura de cerámica de colores. Los detalles, por su parte, se fueron perdiendo, dejando un diseño más limpio y con un enfoque particular en crear una lógica funcional entre espacios interiores y exteriores. Además de los arquitectos mencionados previamente- que tuvieron un peso importante en esta época, se recalca la importancia de Teodoro Delgado (Cuenca), Rómulo Idrovo y Jorge Navas, ambos lojanos, que promovieron una cultura de construcción establecida durante la época. Hoy, Loja es una ciudad con un amplio rango de crecimiento. En un contexto constructivo, como consecuencia de los fraccionamientos y la centralidad histórica-urbana; la ciudad presenta una imagen heterogénea provocada por una reorganización espacial. El mal entendido concepto de arquitectura de integración en entornos patrimoniales ha dado lugar a la repetición de elementos antiguos como mecanismo de unificación, lo cuál ha incidido en la presencia de falsos históricos que han reemplazado a edificaciones patrimoniales.Por: Leonardo Santos.