Más allá de las normativas que el gobierno de una ciudad pueda establecer, es la actividad económica -desde la más formal hasta la más improvisada- la que se ordena a sí misma en el territorio. La oferta de servicios y productos en el territorio urbano se estructura de manera jerárquica. Supongamos que, en lugar de pagar con dinero por un producto o un servicio, lo hiciéramos con la distancia que estamos dispuestos a recorrer por él. Por ejemplo, por un café que simplemente nos mantenga despiertos no estaremos dispuestos a recorrer más de una cuadra. Si estamos interesados en tomar un café de mejor calidad, exquisito, quizás recorramos algunos kilómetros. Este ejemplo es escalable a todos los ámbitos: salud, servicios bancarios, compra y venta de productos, servicios especializados, etc. Esta distribución de las actividades ocurre reconociendo dos aspectos del territorio donde se ubica. Uno es los aspectos naturales de su geografía. El otro aspecto son las infraestructuras existentes en el sitio; como mercados, hospitales, estaciones de transporte público, puertos y aeropuertos. Un aeropuerto tiene la fuerza gravitatoria suficiente como para atraer una serie de negocios vinculados con servicios de exportación y encomiendas. El manejo de estas requiere también una infraestructura vial adecuada. En ocasiones, estas vías, que son consecuencia directa del nuevo aeropuerto, abren la puerta a nuevos espacios de crecimiento inmobiliario, donde áreas rurales desgastadas dan el salto a convertirse en lotes urbanos. Ese fue el caso del aeropuerto de Tababela. El crecimiento longitudinal urbano de Quito provocó que el antiguo aeropuerto Mariscal Sucre fuera absorbido por los distintos barrios localizados al norte de la ciudad. El Municipio de Quito, desde los años 90, planificó su reubicación en las parroquias rurales nororientales de Tababela-Yaruquí. A pesar de las limitaciones de infraestructura básica de las parroquias, el Nuevo Aeropuerto Internacional de Quito fue construido entre 2006 y 2012 e inició sus operaciones en el 2013. El aeropuerto de Tababela cambió dramáticamente a Quito, que antes era un valle contenido entre montañas y quebradas. Cierto es que ya había una tendencia a expandirse a los valles de Los Chillos y Tumbaco, pero este segundo valle, junto con Cumbayá vieron un incremento acelerado de ocupación; así como cambios en su uso de suelo. Ya no son el espacio que se consideraba “suburbano”. Cumbayá se ha consolidado como centro de actividad comercial y Tumbaco juega un papel importante en lo que a servicios públicos se refiere. El nuevo suburbio está en Puembo, Yaruquí y Checa; poblaciones que hace una década se dedicaban a la recolección de verduras y hortalizas. Quito dejó de ser la ciudad vertical que fue hasta los años noventa. Ahora crece horizontalmente, modelo que antes caracterizaba a Guayaquil. Se desparrama hacia el oriente, como el líquido contenido en un cuenco cuarteado y ocupa espacios que antes estaban destinados a alimentar a sus habitantes. Los efectos secundarios preocupantes de esta situación son la carencia de planificación en la urbanización de estas parroquias rurales- que de “rurales” solo tienen el nombre (Cumbayá tiene una huella construida cercana al 90%) - y la desocupación de la ciudad central. El Centro y el Híper Centro de Quito se vacían cada vez más. Familias y negocios migran al oriente. El núcleo urbano se vacía de a poco, y no tenemos aún ideas claras para detener este naufragio urbano. Todo esto, por un aeropuerto que sí era necesario; pero que nunca nadie vio el impacto que tendría sobre la ciudad.Por: John Dunn Insua, MCP, Arquitecto, Docuente USFQ. Un crecimiento resagado. Quito va hacia arriba de a poco Debido a la falta de disponibilidad de tierra en el norte central, Quito ha tenido que crecer en altura. Desde 2010 se han desarrollado más de 1.600 proyectos corporativos y residenciales, que han representado más de 65 mil unidades construidas en estos edificios. Actualmente, la oferta inmobiliaria residencial en la capital tiene 52% de sus m2 en altura y el 48% en casas. En el siguiente cuadro se presenta la evolución de la composición de metros cuadrados desarrollados en altura y se puede observar cómo decrece levemente desde 2020 a raíz de la pandemia y la preferencia en adquirir casas. Con su creciente densidad poblacional, Cumbayá también creció en altura. Tanto así que el precio por m2 en este sector lo hace más atractivo que en el norte central de Quito. Mientras el precio ponderado en este último sector es USD 2,053 por m2, en Cumbaya es USD 1,776, una diferencia superior al 15%. Además, los proyectos de altura en Cumbayá pasaron de una composición de 16% en 2010 al 49% actual, siendo el sector de mayor crecimiento en demanda de departamentos.