Los océanos alimentan a nuestras familias, sostienen empleos, protegen las costas y juegan un rol fundamental contra el cambio climático. Los servicios que los océanos prestan son invaluables, de ahí el popular pensamiento de que el futuro de la humanidad depende de su salud, ya que, de la misma, dependerá la calidad y abundancia de los recursos que nos proporcionan. A continuación, a manera de información de contexto, algunas cifras para entender mejor su importancia: El valor anual estimado de la economía oceánica bordea los USD 2,5 trillones de dólares, El 30% de las emisiones antropogénicas de CO2 son absorbidas por el océano, Quinientos millones de personas dependen de los recursos costeros para su alimentación, El 90% de los mariscos del mundo que consumimos proviene de la pesca artesanal. A pesar de estos datos, que son concluyentes y que a uno lo llevarían a pensar que hay razones de más para protegerlos, la realidad actual, es que nuestros océanos están en crisis. Hoy más que nunca, están sometidos a una enorme presión, y nosotros, los seres humanos, somos los que, a través de nuestras actividades, provocamos las mayores amenazas directas e indirectas. El cambio climático, la contaminación por plásticos y la pesca no sostenible, son, entre otras, las principales causas del deterioro y de la crisis ambiental que actualmente viven los océanos. Pero las situaciones de crisis traen consigo oportunidades, y una de esas, es la llamada ¨Economía Azul¨. Estados costeros como el Ecuador, tienen que empezar a ver al océano, como un motor de aporte fundamental para su crecimiento económico y desarrollo social. La inversión en su conservación puede traer retornos inmediatos, por eso es fundamental trabajar con las comunidades y gobiernos en el diseño e implementación de planes de gestión basados en ciencia; en apoyar el esfuerzo global para acabar con la contaminación por plásticos; en hacer que la actividad acuícola y pesquera sea sostenible, para que, a la par de mantener la producción, minimice los impactos sobre el ecosistema marino, y en proteger ecosistemas y especies clave como los manglares y los tiburones, respectivamente. De ahí la necesidad de empezar a involucrar a la ciudadanía, para que reflexione sobre la problemática y pase a convertirse en un consumidor responsable de mariscos, uno bien informado, uno que apoye la conservación y el uso responsable de los recursos. En este esfuerzo, que debe ser de todos, es fundamental incluir a las empresas, para que sean conscientes de las cuestiones medioambientales y cambien sus modelos de producción hacia unos más sostenibles, que ayuden a restaurar los océanos y a generar oportunidades de crecimiento. El empresario del siglo XXI debe ser distinto al del siglo pasado. Deberían ser personas con una visión diferente respecto de cómo hacer negocios, individuos que entiendan que conservación y desarrollo son dos caras de una misma moneda. En nuestro país, algunos, incentivados por la dinámica de los mercados, ya han dado importantes pasos para internalizar este concepto en las estructuras de sus negocios. Eso es lo que demanda un mundo globalizado, interconectado, cada vez más consciente de la necesidad de disminuir nuestra huella ecológica sobre el planeta. Es muy importante que poco a poco más empresarios presten atención a estos temas y se involucren en proyectos que permitan transformar sus modelos de producción y sus cadenas de comercialización. ¨La sostenibilidad¨ debe pasar a ser un tema de trascendencia, el eje central sobre el cual gire la innovación, y en un elemento fundamental de la visión de las estrategias corporativas. ¿Por qué? Porque los mercados están en constante evolución, porque cada vez existen más consumidores que se convierten en compradores responsables, conscientes de los impactos que el sector productivo puede generar en el medio ambiente, del cual dependemos todas y todos.. Por eso, es fundamental que más empresas hagan una transición hacia soluciones basadas en la naturaleza. Es necesario mejorar la gestión, hay que seguir mostrando el camino para inspirar a otros, eso es bueno para el negocio y es bueno para la naturaleza. Ese futuro en el que las personas y el planeta prosperen, solo es posible lograrlo si aunamos esfuerzos.