Un mundo globalizado y competitivo exige capacitación constante

Un mundo globalizado y competitivo exige capacitación constante

Actualmente, a pesar del crecimiento y las tendencias positivas en la educación ejecutiva en el Ecuador, hay varios desafíos que deben abordarse para garantizar su calidad y relevancia.

La formación del que dirige la empresa implica el desarrollo de habilidades cognitivas e interpersonales, y la adquisición de conocimientos y valores humanos  necesarios para la construcción de las empresas que necesita la sociedad ecuatoriana. El  entrenamiento en estas habilidades y la capacidad de usar dichos conocimientos para  cada situación es constante. 

Es falso creer que solo la formación universitaria y un par de cursos realizados a lo  largo de la vida son suficientes. El mundo globalizado, más interconectado, cada vez más  complejo y con revoluciones tecnológicas como la inteligencia artificial, exigen al  directivo de hoy el desempeño de un deportista de élite. Su entrenamiento continuo (estudio), su mirada al mundo en el que se desenvuelve, lo obligan al sacrificio constante  de esfuerzo de mejora continua, con una exigencia nunca antes vista. 

La intensidad de este entrenamiento descansa en la formación, para la adquisición de  nuevos conocimientos. 

El entrenamiento debe acomodarse al nivel de exigencias directivas a la que se  expone el que gobierna una organización. El propietario y fundador de una exitosa  empresa familiar, relativamente pequeña, tiene necesidades diferentes a las de un  director del C-Suite9 de un gran banco ecuatoriano, y es diferente a las del CEO de una  multinacional y a las de aquel que tiene su primer empleo. 

Es necesario reconocer que el mundo está experimentando cambios cada vez más  acelerados. La empresa como uno de los actores principales de la sociedad, no puede ser  ajena a esta realidad. No se puede seguir mirando la empresa como la veíamos hace  treinta años, cuando se creía que su función exclusiva y principal era satisfacer las  expectativas de rendimiento económico por parte de los accionistas. Es indispensable  recordar que la empresa es una organización humana y, consciente de este rol, debe ser  capaz de prestar el espacio para que sus accionistas, funcionarios, clientes, proveedores  y sociedad en general, sean conscientes de su contribución real al bien común. Este  concepto, que no es nuevo, hoy por hoy ha tomado mucha fuerza bajo el nombre de  “propósito”. 

Nuestra compleja realidad social, donde parece que esforzarse académicamente, trabajar de sol a sol, o poseer talentos sobresalientes, ya no es garantía de éxito y desarrollo  profesional y humano. La desazón que esto genera en muchos jóvenes o en aquellos que  buscan proveer adecuadamente a sus familias, hace imposible la idea de familia e hijos.  El estado, con sus instituciones, servidores y políticos, no podrá por sí solo resolver estos  dilemas. Un sector privado competente es imprescindible para hacer viable el presente y  será clave en el desarrollo de soluciones que hoy no existen, pero que la sociedad  demanda. Directivos con esta misión social son absolutamente necesarios hoy en Ecuador  y el mundo.

 

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En conclusión, es indispensable seguir trabajando en la accesibilidad de la  educación ejecutiva a todos los actores de la cadena productiva, tanto grandes como  medianos y pequeños empresarios, microempresarios, emprendedores, para que el  Ecuador cuente con directivos cada vez más conscientes de los cambios en el entorno  empresarial, de las últimas tendencias en el mercado y, sobre todo, de crear una  contribución real al bien común, poniendo la dignidad de la persona en el centro de la  empresa y la sociedad.

 

 

Por: IDE Business School