En diálogo con Revista Ekos, Bridget Hoffmann, Economista Senior del BID, analiza los resultados del nuevo informe sobre cambio climático en América Latina. Advierte que alcanzar emisiones netas cero al 2050 podría generar hasta USD 3 billones para la región y sostiene que invertir en resiliencia no solo es una medida ambiental, sino una oportunidad económica inmediata. ¿Cuáles son los hallazgos más relevantes del estudio? El informe demuestra que la región tiene una gran oportunidad para avanzar en la lucha contra el cambio climático. Presenta evidencia sobre los impactos ya visibles en América Latina y el Caribe, y plantea soluciones factibles para reducir riesgos y aprovechar oportunidades. Alcanzar emisiones netas cero en 2050 podría generar hasta USD 3 billones adicionales para la región. ¿Qué significa esto para los líderes empresariales? Una política climática clara y de largo plazo permite alinear la estrategia corporativa con los objetivos nacionales y globales. Esto reduce riesgos, mejora reputaciones y atrae inversión. La transición hacia economías sostenibles abre oportunidades en sectores como energías renovables, agricultura y tecnología verde. En Ecuador, donde la electricidad proviene sobre todo de fuentes hidroeléctricas, el reto está en fortalecer la resiliencia y diversificar la matriz. Además, muchas políticas climáticas son también políticas de desarrollo: electrificar transporte e industria mejora la salud pública y reduce costos médicos y ausentismo laboral. El estudio menciona los beneficios en salud pública. ¿Por qué son clave? Una mejor calidad del aire puede tener un peso decisivo en la formulación de políticas. Incorporar los beneficios sanitarios en los análisis costo-beneficio puede inclinar decisiones hacia tecnologías más limpias. Para las empresas, esto significa menos ausentismo y mayor productividad. ¿Hay ejemplos que demuestren que invertir en resiliencia es rentable hoy? Sí. Las inversiones en energías renovables desde 2000 han ahorrado más de USD 71.000 millones en costos de combustible en Sudamérica. Mejorar infraestructuras –carreteras, sistemas de agua o redes eléctricas– reduce pérdidas económicas por desastres. También te puede interesar: Nestlé Ecuador: 70 años construyendo historias compartidas Nuestros estudios muestran que las inversiones preventivas pueden reducir las pérdidas del PIB en 0,5 puntos porcentuales el año del desastre y más de la mitad en los tres siguientes. Cada dólar invertido en resiliencia genera múltiples dólares en pérdidas evitadas y acelera la recuperación. No es solo prudencia a largo plazo: es eficiencia fiscal y crecimiento a corto plazo. ¿Qué necesita la región para atraer más inversión climática? Reducir barreras regulatorias y mejorar los marcos de gobernanza. Las economías emergentes enfrentan altos costos de financiamiento y mercados financieros poco desarrollados, lo que limita el flujo de capital hacia proyectos verdes. Cuando los gobiernos ofrecen apoyo financiero, reglas claras y tecnología, el capital privado responde. Entre 2011 y 2020, casi el 70% de la financiación climática para mitigación se destinó a energías renovables. Para ampliar este flujo, es clave abaratar créditos y atraer inversión extranjera directa. ¿Cómo está apoyando el BID a Ecuador en esta transición? Ecuador realizó con nuestro apoyo el primer canje de deuda por bonos azules del mundo, liberando recursos para la conservación marina y reduciendo el riesgo fiscal. A través de BID Clima, movilizamos inversión privada en proyectos de energía renovable y resiliencia. Además, BID Invest trabaja con bancos locales para emitir bonos verdes y azules que financian infraestructura sostenible. Con nuestro respaldo, Banco Pichincha emitió el primer bono verde privado del país, y hoy existen múltiples inversiones temáticas en curso. El informe habla de resiliencia como un enfoque sistémico. ¿Qué significa esto en la práctica? No basta con fortalecer un solo sector. Si los hospitales están preparados para desastres, pero las carreteras colapsan, los médicos y pacientes no podrán llegar. La adaptación debe ser integral y coordinada, porque la solidez de un sistema depende de sus partes más débiles. ¿Qué mensaje dejaría a los CEO de la región ? El financiamiento climático global supera apenas USD 1 billón, muy por debajo de los USD 10 billones necesarios para cumplir los objetivos de descarbonización. En América Latina, el 77% de los fondos públicos proviene de bancos multilaterales y bilaterales, pero no será suficiente. Los gobiernos enfrentan limitaciones fiscales y alta deuda, por lo que el sector privado debe ser protagonista. Las empresas que integren la sostenibilidad en su estrategia estarán mejor posicionadas para competir, atraer capital y generar valor. La acción climática no es un costo, es la inversión más rentable de esta década.