El 28 de mayo se celebra el Día Internacional de la Higiene Menstrual, una fecha que busca concienciar sobre la importancia de este tema que afecta a muchas adolescentes, como las de Uganda e Indonesia, donde la mitad no asiste a la escuela durante su menstruación, perdiendo hasta 24 días de clases al año. Según ‘A Bloody Serious Matter’ una investigación llevada a cabo por Plan International. Así como el Taj Mahal, el invento del hindú Arunachalam Muruganantham también es un homenaje de amor a su esposa. Se trata de una máquina que crea toallas sanitarias de bajo presupuesto que aportan a la salud menstrual de miles de niñas y mujeres de escasos recursos en la India. Para entender de mejor manera esta historia que ha sido replicada en varios medios como la BBC o Al Jazeera, es necesario recordar que -a pesar de los avances tecnológicos actuales- hay lugares en los que las mujeres no se pueden dar “el lujo” de adquirir y usar toallas sanitarias; su mecanismo durante su periodo menstrual es el uso de “trapos sucios” que producen enfermedades y afectan su calidad de vida. La India es uno de estos lugares donde la higiene menstrual sigue siendo un tabú, en especial en áreas rurales. Las mujeres, por ejemplo, durante su menstruación no pueden entrar a los templos, ni cargar agua. Estas realidades afectan considerablemente su salud y bienestar ya que en zonas apartadas usan sustancias antihigiénicas como arena, aserrín, hojas y hasta ceniza. Se estimó que menos de una de cada 10 mujeres usaba toallas sanitarias en esas zonas, las cuales son muy costosas para la realidad económica de sus habitantes. De acuerdo a una encuesta de 2011 de AC Nielsen, comisionada por el gobierno indio, sólo el 12% de las indias usaban toallas sanitarias. Esto tiene un impacto directo en la salud de las mujeres, ya que se estima que el 70% de las enfermedades reproductivas tienen origen en este problema. Cuando Arunachalam Muruganantham -hijo de trabajadores de telares que no terminó sus estudios escolares por escasos recursos- se casó con su esposa Shanthim, descubrió esta preocupante realidad cuando descubrió que ella usaba aquellos “trapos sucios”. Es así que desarrolló unas toallas menstruales para ella con poco éxito ya que contenían tan sólo algodón, lo que hizo que su esposa regrese a su método tradicional. Es así que poco a poco, empezó a investigar sobre el ciclo menstrual de la mujer. Al enterarse que solo podía hacer pruebas cada 28 días (que llegaba el periodo de su esposa), pidió ayuda a estudiantes de medicina para dichas pruebas. También te puede interesar: Anne Hathaway: actriz, activista y embajadora por la igualdad Sin embargo, no recibió una respuesta positiva ya que este tema no es abiertamente hablado en la India. Es así que decidió hacer pruebas en su propio cuerpo, imitando a un útero con una vejiga de goma reciclada de un viejo balón de fútbol, el cual llenaba de sangre de animal. Esto le trajo críticas sociales, estigmas y abandono de su familia como su madre y su esposa. “¡Dios tiene sentido del humor: empecé mi investigación por mi mujer y 18 meses después me dejó!”, dijo en una entrevista a la BBC en el 2024, en la que contó su historia. A pesar de ser excluido de su comunidad, Arunachalam Muruganantham continuó con su proyecto y decidió conocer la estructura y los materiales con los que están hechas las compresas para la higiene de la mujer. Fue así que continuó su investigación y en el camino incluyó a su objetivo la generación de trabajo para las mujeres de la India, en especial de sectores rurales. Cuatro y medio años más tarde logró crear un método barato para la producción de estas compresas, el cual involucra cuatro pasos sencillos. Primero, usa una máquina similar a un triturador de cocina, torna la dura celulosa en un material esponjoso que, con otra máquina, se moldea en forma rectangular. Esos rectángulos se envuelven en tela no tejida y se desinfecta en una unidad de tratamiento ultravioleta. Todo el proceso se puede aprender en una hora y es de fácil manejo, además, las máquinas son livianas y simples para que las mujeres puedan operarlas con facilidad. El primer modelo era casi todo de madera y cuando se lo mostró a los científicos del Instituto Indio de Tecnología (IIT), en Madras, no se mostraron muy entusiasmados. Pero cuando éste evolucionó, lo encontraron viable. El IIT postuló este invento a un concurso de innovación, el cual ganó. Recibió el premio de la mano del Presidente de India, Pratibha Patil. De repente se volvió famoso. Fue cuando su esposa regresó a su vida, al igual que aquellos aldeanos que una vez lo criticaron. Con este invento, este hombre hindú podría ganar fortuna, pero afirma que no está interesado en enriquecerse. "Imagínese, tengo la patente de la única máquina en el mundo para hacer toallas sanitarias baratas. Cualquier persona con un master inmediatamente acumularía el máximo de ganancias. Pero yo no quiero. ¿Por qué? Porque desde que era niño aprendí que ningún ser humano muere de pobreza, todo pasa por ignorancia", dijo a la BBC. En su opinión, él prefiere un toque más ligero, como el de una mariposa. "Una mariposa puede chupar miel de una flor sin perjudicarla", aclara. A Muruganantham le tomó 18 meses fabricar 250 máquinas que llevó a los estados más pobres y poco desarrollados en el norte de India, los llamados BIMARU o "estados enfermos" de Bihar, Madhya Pradesh, Rajastán y Uttar Pradesh. En esos lugares, se enfrentó a más barreras como mitos y temores sobre el uso de toallas sanitarias como la creencia de que las mujeres que las usan se enceguecen o que nunca se casan. Pero poco a poco, aldea tras aldea, empezaron a aceptarlas y con el pasar del tiempo las máquinas han entrado en 1.300 zonas en 23 estados. En cada caso, son mujeres las que producen las toallas sanitarias y las venden directamente a las clientas; un gran salto ya que las tiendas generalmente son atendidas por hombres, lo que intimida a las mujeres. Otro beneficio es que al comprárselas a mujeres que conocen, reciben información importante sobre cómo usarlas. La mayoría de las clientas de Muruganantham son ONGs y grupos de autoayuda para mujeres. El costo de una máquina manual ronda los USD 1.200, mientras que las semiautomáticas son más costosas. Cada una permite que 3.000 mujeres accedan a toallas sanitarias y genera empleo para 10 trabajadoras, quienes pueden producir entre 200 y 250 unidades al día, vendiéndolas a aproximadamente USD 0,04 centavos cada una. Las mujeres tienen la libertad de elegir el nombre de su propia marca, evitando una etiqueta única y promoviendo un modelo hecho “por y para las mujeres”. Muruganantham también colabora con colegios, ya que el 23% de las niñas abandona la escuela al comenzar su menstruación. Ahora, algunas estudiantes fabrican sus propias toallas higiénicas. “¿Por qué esperar a que sean mujeres? ¿Por qué no empoderar a las niñas desde ahora?”, cuestiona. El gobierno indio anunció recientemente un programa de distribución de productos sanitarios subsidiados para las mujeres más pobres, pero no incluyó a Muruganantham en la iniciativa. Sin embargo, él ha ampliado su visión. “Mi meta inicial era generar un millón de empleos para mujeres en situación vulnerable, pero, ¿Por qué no 10 millones en todo el mundo?”. Su proyecto ya se está expandiendo a 106 países. Este inventor, actualmente vive con su esposa y su hija en un departamento moderno. Maneja un jeep que le permite ir a las montañas, selvas, bosques y zonas rurales. Asegura que no ha acumulado dinero pero sí mucha felicidad. Fuente: Basado en el artículo original publicado por Vibeke Venema para la BBC en marzo del 2024. Foto: TED@Bangalore, Mayo 2012