El hallazgo se produjo durante una expedición científica realizada cerca de la isla Darwin, al norte del archipiélago ecuatoriano. Los investigadores utilizaban un submarino operado a distancia equipado con cámaras cuando detectaron al pequeño pulpo desplazándose sobre el fondo oceánico. El animal mide aproximadamente lo mismo que una pelota de golf y pertenece a una nueva especie del género Microeledone. La investigación estuvo liderada por especialistas de la Fundación Charles Darwin y contó con la colaboración de científicos del Field Museum de Chicago. La experta en invertebrados Janet Voight explicó que la especie llamó inmediatamente la atención debido a que los ejemplares más cercanos conocidos habitan en el océano Atlántico, frente a Uruguay, y no en el Pacífico oriental. También puedes leer: Registran por primera vez un tapir andino en la cordillera oriental de Quito. El espécimen fue trasladado a Chicago para su análisis. Debido a que era un ejemplar único y extremadamente delicado, los investigadores evitaron realizar disecciones invasivas y optaron por emplear tomografías y escaneos de rayos X para estudiar su anatomía interna. Estas técnicas permitieron confirmar que se trataba de una especie no documentada previamente. Según los científicos, el Microeledone galapagensis posee tentáculos cortos y robustos con una sola fila de ventosas, rasgo que lo diferencia de la mayoría de pulpos conocidos. Además, presenta una coloración particular: la parte dorsal es clara, mientras que la zona ventral tiene un tono violeta oscuro. Los investigadores consideran que este patrón podría funcionar como mecanismo de protección frente a depredadores en las profundidades marinas. El descubrimiento también resulta relevante porque los miembros de la familia Megaleledonidae suelen estar asociados al océano Austral y a regiones cercanas a la Antártida. La presencia de esta nueva especie en Galápagos obliga a replantear parte del conocimiento científico sobre la distribución y evolución de estos cefalópodos. En conclusión, la identificación del Microeledone galapagensis evidencia el potencial científico que aún poseen los ecosistemas marinos profundos de Galápagos. Los investigadores sostienen que gran parte de estas áreas continúa sin explorarse y que cada nuevo hallazgo aporta información clave para comprender la biodiversidad oceánica y fortalecer las estrategias de conservación. Fuentes: Diario Expreso, ScienceDaily.