Un equipo de investigación conformado por miembros de la Universidad de Huelva, en colaboración con la Umeå University de Suecia, ha desarrollado un sistema biotecnológico pionero que utiliza microalgas adheridas a materiales de desecho (aceite usado y azufre residual) para depurar aguas contaminadas, eliminando hasta el 95 % de metales pesados en solo ocho horas y generando subproductos reutilizables, en línea con los principios de la economía circular. La clave de la innovación radica en el uso de biomasa microalgal como agente depurador, que no solo transforma los contaminantes en nutrientes para su crecimiento, sino que también permite recuperar recursos valiosos del proceso, funcionando así como un filtro biológico natural que favorece así la reducción de residuos y la valorización de subproductos. Este enfoque es diseñado en función de los pilares de los modelos de economía circular que buscan maximizar la reutilización de materiales y minimizar los flujos lineales de desecho. También puedes leer: A 10 años del Acuerdo de París: contexto, avances y el estado actual del pacto climático global Además de su impacto ambiental, la tecnología promete beneficios económicos en sectores como la gestión de aguas industriales y residuales, donde la demanda de sistemas eficientes y sostenibles es creciente. La integración de microalgas en los procesos de tratamiento hídrico ofrece una alternativa menos dependiente de insumos químicos y más coherente con exigencias regulatorias ambientales y de sostenibilidad, abriendo puertas a nuevos modelos de negocio y oportunidades de inversión en biotecnología verde. La adopción de sistemas basados en microalgas para la depuración de agua representa una convergencia entre innovación científica y sostenibilidad económica. Al reducir significativamente los contaminantes y ofrecer subproductos reutilizables, esta tecnología no solo contribuirá a una gestión más eficiente de los recursos hídricos, sino que también impulsa la transición hacia un modelo productivo circular, reforzando la competitividad y resiliencia de sectores estratégicos frente a los desafíos ambientales actuales. Fuentes: The Conversation.