En la era de la guerra de las búsquedas en internet entre gigantes tecnológicas, es difícil ser un participante pequeño. Sin embargo, Ecosia, con sede en Berlín (Alemania), ofrece un buscador para quienes se preocupan por el cambio climático, prometiendo ser carbono-negativo al invertir todas sus ganancias en plantar árboles, más de 180 millones de ellos desde su lanzamiento en 2009. Es poco probable que desbanque a Google, pero se ha ganado una clientela estable de unos 20 millones de usuarios con esa marca ecológica y al reempaquetar los resultados de búsqueda de Bing de Microsoft. Pero tras una década de pocos cambios en el negocio de las búsquedas online, todo evoluciona gracias a la inteligencia artificial (IA) generativa. “Nunca he visto tantas transformaciones en el mercado como en los últimos seis meses”, señala Christian Kroll, CEO de Ecosia. El alboroto obligó a Ecosia a replantearse su plan de negocio para competir con los nuevos motores de búsqueda similares a los chatbots concebidos a partir de grandes modelos de lenguaje. En la actualidad, la compañía pasó de proporcionar resultados exclusivamente de Bing, como hizo durante los últimos 14 años, a obtenerlos principalmente de Google, aunque seguirá brindando algunos resultados del primero a través de la empresa de marketing System 1. A principios de año, cuenta Kroll, Ecosia “recibió algunas señales de Microsoft que nos impulsaron a interesarnos en otros posibles proveedores”. En marzo, dicha gigante tecnológica subió los precios de sus resultados de búsqueda, lo que fue “una llamada de atención para los buscadores alternativos”, según Kroll. Microsoft declinó hacer comentarios al respecto. Ecosia y las búsquedas “verdes” de internet gracias a Google Ecosia cambió de socios con la esperanza de encontrar una forma de ser parte del profundo cambio en la forma de buscar en internet que desencadenó la IA. La empresa solo está probando su asociación con Google y no utilizará inmediatamente las herramientas de dicha tecnología propias del gigante de las búsquedas, aunque espera hacerlo en el futuro. Para un pequeño proveedor como Ecosia, la reciente alteración de las búsquedas en internet supone una oportunidad de llegar a nuevos mercados y ofrecer nuevos servicios a usuarios y anunciantes. Pero el cambiante panorama también está plagado de retos. Aunque existen startups que trabajan en las búsquedas online potenciadas por la IA, la categoría sigue siendo sobre todo una competencia entre las gigantes tecnológicas. Los resultados generados por IA también causan nuevos problemas legales y éticos que los proveedores deben resolver. Y para un motor de búsqueda que destina todas sus ganancias a la lucha contra el cambio climático, emerge el inconveniente, además, de una modificación radical en el uso de la energía necesaria para alimentar la IA generativa. “Esta complejidad significa que ahora tenemos muchos más asuntos de los que ocuparnos. Como pequeña empresa, debemos apostar con cuidado. Google y Microsoft tienen muchas más monedas para gastar en el casino”, comenta Kroll. Microsoft, que invirtió 13,000 millones de dólares en OpenAI, desarrolladora de ChatGPT, lanzó en febrero una interfaz al estilo de un chatbot para Bing. Un mes después, Google presentó su chatbot Bard en Estados Unidos y el Reino Unido. La IA generativa conversacional como ChatGPT transforma el modo en que un usuario interactúa con el buscador y la manera en que se presentan los resultados. La última generación de motores de búsqueda respondía a la consulta de un usuario con una lista de enlaces a otros recursos donde encontraría una respuesta detallada. Las búsquedas online potenciadas por la IA intentan contestar a las preguntas por sí mismas. “La tendencia actual sugiere que depender únicamente [del formato tradicional] de presentar 10 enlaces azules en una página de resultados de búsqueda ya no es suficiente”, destaca Kroll. “Al fijarnos en las cifras, cada vez es menor el tráfico que se registra más allá de la página de resultados”. Con mayor frecuencia, la gente realiza transacciones directamente a través de los resultados de los grandes buscadores, indica Kroll, por ejemplo haciendo reservas de hoteles o vuelos sin salir del portal. Si Ecosia consigue captar esa tendencia de los buscadores para ser algo más que un simple intermediario, obtendría más ingresos llevándose una parte de las transacciones online de los usuarios. Participar más activamente en ellas también sería una oportunidad de animarles a tomar decisiones más respetuosas con el medio ambiente. Kroll asegura que un lugar en el que Ecosia puede intervenir para sugerir alternativas más ecológicas son las búsquedas de vuelos. “Podríamos decirles cuál es el vuelo más económico, pero también que otra alternativa es tomar el tren en su lugar e indicarles la cantidad de CO2 que ahorrarían”, apunta. La era de las búsquedas generativas en internet daría pie a nuevas formas de destacar a un buscador especializado. “Si solo das una respuesta, entonces es aún más importante que también tengas una postura moral sobre ella”. También te puede interesar: El teletrabajo, una potente herramienta para reducir la huella de carbono a la mitad El impacto ecológico de las búsquedas online impulsadas por IA Aunque la inteligencia artificial brinda nuevas oportunidades a los proveedores de servicios de búsqueda, también les lleva a un terreno jurídico complicado. En Estados Unidos, los buscadores están protegidos de la responsabilidad legal por cualquier daño causado por los resultados que muestran, en virtud de la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones (Communications Decency Act). Sin embargo, aún no está claro si eso se aplicará a una respuesta dada por un motor de búsqueda impulsado por un chatbot. En Europa se avecina una nueva normativa sobre IA, que impondría restricciones a la forma de etiquetar y presentar a los usuarios los contenidos generados por dicha tecnología. Kroll admite que no está del todo seguro sobre cómo navegar por este terreno. La empresa tendría que revelar sus preferencias y manifestar abiertamente que intenta motivar a los usuarios a tomar decisiones con mejores propuestas medioambientales, opina. Pero eso se complica por el hecho de que la IA que genera esos resultados, que Ecosia tendría que comprar bajo licencia a una empresa tecnológica mayor, sería una “caja negra” para él y sus colegas. Esto significa para este caso que, cuando una compañía más pequeña adquiere una búsqueda o resultados producidos por la IA, no suele conocerse cómo se generan ni qué se ha filtrado. “No recibimos esa información. Y eso es un problema”, agrega. Otro inconveniente particularmente grave para Ecosia, que muestra un contador en su página de inicio indicando a los usuarios cuántos árboles ha plantado, es la huella medioambiental de la IA generativa. Según algunas estimaciones, los resultados de búsqueda mejorados por IA requieren una capacidad de procesamiento cinco veces mayor que la tecnología de búsqueda convencional, debido al trabajo adicional necesario para entrenar e implementar los modelos. Eso, casi inevitablemente, implica un gran aumento del consumo de energía y, potencialmente, de las emisiones de carbono. Muchos centros de datos utilizan energía renovable y Google pretende que sus instalaciones funcionen con energía libre de carbono 24 horas al día, 7 días a la semana, para 2030, pero fabricar los potentes chips y otros componentes necesarios para hacer funcionar los proyectos de IA generativa también provoca emisiones. Kroll considera que es posible que la IA generativa ayude a compensar algunos de sus propios impactos medioambientales ayudando a proyectos que reduzcan las emisiones de las sociedades en general. Y, dado que todas las ganancias de Ecosia se destinan a la reducción de emisiones, afirma que adoptar la tecnología sigue teniendo sentido. Por el momento, la compañía calcula que cada búsqueda realizada por un usuario genera 0.2 gramos de CO2, mientras que los proyectos de plantación de árboles que financia capturan esa cantidad muchas veces. Pero el incremento del consumo de energía es algo con lo que el sector en conjunto tendrá que enfrentarse. “Si todas las grandes empresas tecnológicas funcionaran según el mismo principio [que nosotros], habríamos resuelto la crisis climática”, subraya. Fuente: WIRED