Sin embargo, las pequeñas empresas están por detrás de las grandes en términos de productividad. En promedio, su productividad laboral, o valor agregado por trabajador, es la mitad que la de sus pares más grandes. Acelerar el crecimiento de la productividad siempre ha sido la manera segura de lograr prosperidad a largo plazo, y las MIPYMES pueden -deben- desempeñar un papel crucial. Si las MIPYMES fueran a achicar la brecha de productividad con las grandes empresas, no sólo podrían dar un nuevo impulso a la productividad, el empleo y el crecimiento en toda la economía, sino que podrían aumentar su capacidad de resistencia en un mundo incierto. La pregunta principal es cómo. Sólo estudiando las MIPYMES a nivel detallado podremos comprender dónde y por qué existen las oportunidades y trazar un camino hacia una mayor productividad para todos. Después de todo, las MIPYMES son inmensamente variadas. Van desde un individuo autónomo, como un taxista o un diseñador de juegos en línea; a una microempresa con uno o nueve empleados, como una lavandería o una práctica dental; a una pequeña empresa con hasta 50 empleados, como una panadería o una cadena de reparaciones de automóviles local; a una compañía de fabricación de muebles de tamaño mediano o un negocio de software que emplea hasta 250 personas. En esta investigación, el McKinsey Global Institute (MGI) ha agregado un conjunto de datos granulares de productividad de MIPYMES en todos los sectores y subsectores para 16 países con diferentes niveles de ingresos que representan más del 50% del PIB global. Esto nos permite explorar los detalles de negocios que son muy diversos en tamaño, contexto económico, grado de formalización y, especialmente, la naturaleza de la actividad económica en la que participan. 1. Las pequeñas empresas potencian las economías actuales y futuras Las MIPYMES juegan un papel crucial en la producción en todos los sectores, pero su contribución es más significativa en algunos específicos. Si bien hay diferencias entre los países, las MIPYMES tienden a aportar la mayor parte del valor agregado en cuatro sectores: alojamiento y alimentos, construcción, servicios profesionales y comercio. Aunque apenas contribuyen con el 45% del valor agregado en el sector manufacturero, son el segundo mayor contribuyente al valor de las pequeñas empresas después del sector comercial. Muchas MIPYMES se convierten rápidamente en grandes empresas, lo que aumenta la vitalidad y el dinamismo de las economías en las que operan. Promueven la innovación y la competencia entre empresas, alentando a todas las empresas a mejorar continuamente sus productos, servicios y procesos, lo que, a su vez, puede mejorar la productividad y el dinamismo generales de toda la economía. Las MIPYMES dinámicas pueden estimular la competencia entre empresas, haciendo que todo el sistema se vuelva más innovador y eficiente, lo que a la larga resulta en una mayor productividad. Sin embargo, la mayor productividad (crucialmente, la de las grandes empresas) puede crear nuevas oportunidades de mercado y desarrollar capacidades comerciales para las empresas más pequeñas, aumentando la tasa de crecimiento. Las MIPYMES de las economías emergentes muestran un mayor dinamismo que las de las economías avanzadas en sectores clave como construcción, servicios públicos y transporte, ya que la inversión en infraestructura física tiende a aumentar más rápidamente en los países que se encuentran en las primeras etapas de su desarrollo. A medida que estas economías emergentes suben la escalera de los ingresos, las microempresas pueden aumentar sus ingresos y su productividad, pero la mayoría tienden a mantenerse pequeñas o medianas. 2. Aumentar la productividad de las MIPYMES podría generar un valor significativo A pesar de su papel central en las economías de todo el mundo, las MIPYMES son apenas la mitad productivas que las grandes empresas, y achicar esa brecha podría crear valor significativo. Sin embargo, inesperadamente, esta brecha no es en modo alguno monolítica: el desempeño relativo de la productividad varía enormemente entre países y sectores, e incluso dentro del mismo sector entre países. Aunque una mayor escala generalmente se asocia con una mayor productividad. Pero ser pequeño también tiene sus ventajas. Las pequeñas empresas pueden ser un vehículo para que las personas canalicen sus ambiciones empresariales, así como para las personas que simplemente son dueñas y dirigen un negocio para ganarse la vida. Dan forma a nuestro tejido social y a la vida cotidiana de maneras importantes y son de confianza de los ciudadanos. En Estados Unidos, por ejemplo, el público en general considera a las MIPYMES como las instituciones de mayor confianza, más incluso que el ejército o la policía. Si bien las pequeñas empresas no disponen de tanto tiempo y recursos para innovar como las grandes, su ventaja relativa es estar más cerca de los clientes, ser menos burocráticas y reaccionar con agilidad a las cambiantes dinámicas del mercado. Las pequeñas empresas también desempeñan un papel crucial en la facilitación de la productividad de las grandes empresas que tienden a centrarse en las competencias básicas y subcontratan actividades menos esenciales a otras empresas. Esto da como resultado una mayor concentración de actividades de mayor valor agregado en las grandes empresas, donde las más pequeñas realizan tareas de menor valor. Finalmente, participar en trabajos de mayor valor permite a las grandes empresas desarrollar tres tipos de competencias: capital intangible, que comprende tanto mejor tecnología como capital humano superior, conexiones globales y capital financiero. En consecuencia, la tasa de productividad de las MIPYMES tiende a ser menor, y la brecha de productividad más amplia, en sectores donde estas competencias juegan un papel importante en el impulso de la competitividad de las empresas. 3. Lograr un futuro beneficioso para todos La productividad es un tema candente para las economías que atraviesan tiempos particularmente turbulentos. De hecho, acelerar el crecimiento de la productividad puede ser la única ruta para salir de la tensión financiera actual, reconfigurar los patrones de comercio global y los cambios en la huella de manufactura y servicios de las compañías para construir resiliencia que ofrezca riqueza en aumento y un crecimiento robusto del PIB y los ingresos. Esta investigación indica que achicar la brecha de productividad entre las MIPYMES y las grandes empresas puede generar valor considerable, y que las grandes empresas, los responsables de las políticas y las propias MIPYMES pueden contribuir a capturar ese valor adquiriendo competencias clave. Mejorar la productividad de las pequeñas empresas merece atención inmediata. Puede ser un problema de resolución automática -una progresión natural a medida que el empleo se traslada a las empresas más grandes a medida que las economías se desarrollan y que puede implementarse de diferentes maneras. Algunas MIPYMES pueden expandirse a empresas más grandes, otras pueden ser adquiridas por empresas más grandes, y algunas pueden dejar de operar y hacer espacio para nuevos negocios. En general, las MIPYMES seguirán desempeñando un papel importante en el largo plazo y actuar ahora para impulsar su aumento de la productividad puede marcar la diferencia para el crecimiento de toda la economía. También te puede interesar: El hogar ecuatoriano busca equilibrio entre Marcas Propias y Marcas Premium Dada la enorme variación en el desempeño de la productividad evidente a nivel de subsector e incluso entre empresas con diferentes modelos de negocios, lograr las condiciones adecuadas para elevar la productividad requiere una visión microscópica que ayude a priorizar, diseñar e implementar soluciones y existen tres consideraciones que pueden ayudar a dar forma a las acciones de los stakeholders: 1. Crear una estructura económica beneficiosa para todos es importante Las partes interesadas, incluidos los encargados de formular políticas, los organismos reguladores, las asociaciones y las grandes empresas deben fomentar las condiciones propicias para el crecimiento y la prosperidad de todas las empresas. Estas condiciones pueden requerir medidas que van más allá de las políticas convencionales centradas en las MIPYMES, como facilitar el acceso al crédito a las MIPYMES y fomentar la capacitación de los empleados de las MIPYMES. Además de estas medidas, puede involucrar estrategias para construir “productividad colectiva.” Fortalecer las redes y las interacciones entre las empresas grandes y pequeñas puede generar mejoras de productividad en los dominios “ganar-ganar” y en los dominios donde las compañías más grandes superan a sus pares pero las más pequeñas quedan rezagadas. 2. La priorización puede dar resultado Las partes interesadas deben decidir en primer lugar en qué aspectos económicos centrarse para que las MIPYMES sean más productivas. No priorizar qué oportunidades perseguir puede conducir a una dilución de esfuerzos y colocar una carga sobre los recursos a menudo limitados a la mano. Algunos países han seleccionado y apoyado sectores “campeones nacionales”, como sucedió con las manufacturas de bebidas en Italia, la manufactura automotriz en Japón y la I&D en Israel. Esta priorización requiere una identificación meticulosa de las ventajas competitivas de la nación y un ojo atento a las tendencias de la demanda, además de asignar recursos a la innovación, facilitar el acceso al capital y cultivar redes de apoyo. 3. Un enfoque granular y a la medida importa Las medidas diseñadas para ayudar a las MIPYMES a mejorar su desempeño tienden a ser amplias, pero la lente granular de esta investigación revela que diferentes subsectores tienen necesidades variadas. Es posible que las partes interesadas deban diseñar un menú de medidas para cada oportunidad priorizada. En otras palabras, es necesario adoptar un enfoque microscópico que refleje la dinámica de cada subsector y país y que aborde las barreras a la productividad y la escala en ese contexto. Todos los actores involucrados (formuladores de políticas, grandes compañías y las propias MIPYMES) pueden adoptar estrategias diseñadas para impulsar la productividad, lo que puede implicar cambios estructurales que van más allá de los abordajes tradicionales. Los responsables de las políticas pueden proporcionar acceso a una mejor infraestructura, mientras que las grandes empresas pueden ayudar a las MIPYMES a desarrollar competencias relacionadas con la escala. Por: Carlos Buitrago, Socio y Location Manager de McKinsey en Quito.