Este comportamiento significa un incremento del 74,1% frente al 2020, hasta situarse en 1.190,4 millones, sobre todo gracias al crecimiento de los ingresos obtenidos de la publicidad fueron de USD 1.053 millones, un 87,4% más. La venta de datos le reportó USD 137 millones de dólares (+13%). Si revisamos las cifras de los seis primeros meses de este año, la empresa anotó un beneficio neto de USD 133,7 millones, frente a las pérdidas de USD 1.386,4 millones en la primera mitad del año pasado. La facturación creció un 49,3% hasta los USD 2.226,4 millones. ➤ Ver también: Twitter gana USD 55,8 millones en el segundo trimestre En el capítulo de los costes, los asociados a los ingresos fueron de USD 416,9 millones, un 44,8% más. Un poco más crecieron los gastos de ventas y marketing (301,9 millones, un 45,6% más), mientras que los gastos generales y administrativos se contrajeron un 42,5%, hasta USD 141,5 millones. La partida de investigación y desarrollo de la tecnológica rozó los 300 millones. Según la información remitida por la compañía tras el cierre de los mercados en EE.UU., la media de usuarios diarios monetizables en su red social durante el segundo trimestre fue de USD 206 millones, un 10,8% más que entre abril y junio de 2020. De esa cifra, USD 37 millones estaban en Estados Unidos, su mayor mercado. Avance de los modelos de suscripción La firma destaca en las cuentas que durante el trimestre ha adoptado nuevas funcionalidades para incrementar sus ingresos directos por parte de los usuarios. Así, se han incluido nuevas características de monetización como las propinas a usuarios, los espacios con entradas y los denominados super follows, un sistema de suscripción que comenzó a probar en EE UU y da acceso a algunos contenidos exclusivos. De momento, durante el resto del año, el objetivo es expandir Twitter Blue, otro modelo de suscripción que hasta ahora solo está disponible en Canadá y Australia y que añade algunas funcionalidades. Por ejemplo, la de deshacer el envío de un tuit hasta 30 segundos después de haberlo compartido. Fuente: El País