En 2024, la cifra superó los 1.400 millones de turistas internacionales, según la Organización Mundial del Turismo. Según un reportaje de BBVA, este enorme flujo de viajeros deja una huella considerable en los ecosistemas y en las comunidades que visitan. Sin embargo, en medio de esta dinámica global, surge una tendencia que busca revertir ese impacto: el turismo regenerativo. A diferencia del turismo tradicional, que a menudo agota los recursos de los destinos, o incluso del turismo sostenible, que intenta reducir los efectos negativos del viaje, el turismo regenerativo propone algo mucho más ambicioso: restaurar lo dañado, sanar la naturaleza y fortalecer a las comunidades. Y todo esto, sin renunciar al placer de explorar nuevos lugares. También puedes leer: Ministerio de Turismo presentó la estrategia para el Fondo de Desarrollo Turístico de Ecuador Más allá de la sostenibilidad “El turismo regenerativo va más allá de la lógica de ‘no hacer daño’. Su objetivo es dejar los lugares mejor de lo que estaban”, explica Luciana De Lamare, cofundadora del Instituto Aupaba, una organización que promueve este enfoque desde una visión social, ecológica y económica. “Se trata de una transformación personal y colectiva que redefine nuestra relación con el entorno”. Inspirado en los principios de la cultura regenerativa de Daniel Christian Wahl, este modelo apuesta por prácticas responsables que no solo conservan, sino que revitalizan los ecosistemas. Al mismo tiempo, busca generar beneficios tangibles para las comunidades locales, involucrándolas activamente en los procesos turísticos. Un ejemplo vivo en la selva Uno de los ejemplos más inspiradores de turismo regenerativo está en Costa Rica, en la remota y biodiversa península de Osa. Allí se encuentra el parque nacional Corcovado, considerado una de las zonas con mayor diversidad biológica del planeta. Y muy cerca de su frontera norte, donde antes pastaban vacas, hoy florece un bosque en recuperación: La Cotinga, una estación biológica que combina turismo, ciencia y conservación. En sus más de 140 hectáreas, La Cotinga alberga un jardín botánico de especies amenazadas, áreas de bosque regenerado, infraestructura para alojar hasta 28 personas y espacios dedicados a la investigación científica. Su propuesta es clara: permitir que el visitante disfrute de uno de los entornos naturales más puros de América Central, mientras contribuye activamente a su preservación. También puedes leer: El auge del bienestar impulsa una nueva era del turismo Un cambio desde adentro Pero el turismo regenerativo no se trata solo de destinos espectaculares. Es, ante todo, un llamado a cambiar la forma en que entendemos el viaje. “El camino comienza por uno mismo. Debemos hacernos responsables de nuestros impactos y elegir de forma consciente”, afirma De Lamare. Desde el Instituto Aupaba proponen una serie de pasos para sumarse a esta transformación: Investigar antes de viajar: conocer si el destino implementa prácticas sostenibles y regenerativas. Verificar certificaciones reconocidas de sostenibilidad. Evaluar el impacto ambiental de las actividades y optar por aquellas que reduzcan el uso de recursos y promuevan la biodiversidad. Apoyar el comercio justo y el consumo de productos locales. Usar transporte sostenible y limitar el uso de vehículos motorizados. Participar en voluntariados que tengan sentido para el entorno. Exigir transparencia sobre las prácticas del destino o de los operadores turísticos. Valorar la educación ambiental, tanto para locales como para visitantes. El reto de transformar una industria El auge del turismo regenerativo no solo responde a una preocupación ambiental. También refleja una necesidad urgente de repensar la industria turística como un motor de desarrollo justo e inclusivo. Según una encuesta de Booking, el 79 % de los viajeros quiere opciones más sostenibles, aunque más de la mitad considera que estas siguen siendo demasiado costosas o difíciles de encontrar. También puedes leer: Turismo de curceros en Manta Para De Lamare, el desafío está en involucrar a todos los actores de la cadena turística: gobiernos, empresas, operadores y turistas. “Solo si todos asumimos la responsabilidad de generar un impacto positivo, lograremos que viajar no sea una carga para el planeta, sino una herramienta de cambio real”. Hoy, mientras el turismo global recupera su fuerza, la oportunidad está servida. El turismo regenerativo ya no es solo una tendencia emergente: es una nueva forma de mirar el mundo. Una invitación a dejar huella, pero una huella que sane. Fuente: BBVA