Después de su toma de posesión, el mandatario ordenó el cierre de la página web de la Casa Blanca en español y sus perfiles en redes sociales, eliminando por completo esta opción para los más de 60 millones de hispanohablantes que residen en el país. La decisión no sorprende a quienes recuerdan su primer mandato en 2017, cuando implementó la misma medida tras su victoria en las elecciones de 2016. Sin embargo, durante los cuatro años de la Administración de Joe Biden, se reactivaron tanto la página web oficial como las redes sociales en español, en un esfuerzo por conectar con una de las comunidades más grandes y diversas del país. También te puede interesar: ¿Cuál será el efecto Trump en la economía ecuatoriana? Ahora, al intentar acceder a la versión en español del sitio web oficial de la Casa Blanca, los usuarios encuentran un mensaje de "página no encontrada" junto con un enlace directo a la versión en inglés. Además, el perfil en español de la red social X ha desaparecido por completo. Un golpe a la comunidad hispana La medida resulta especialmente polémica si se considera que en Estados Unidos viven más hispanohablantes que en España, donde la cifra ronda los 47 millones. Según el censo más reciente, la comunidad hispana representa un 18.9% de la población estadounidense, y el español es, de lejos, el segundo idioma más hablado en el país.También te puede interesar: El FMI alerta sobre el impacto inflacionista de los aranceles de Trump y su política económica A pesar de esto, Trump parece firme en priorizar una visión más restrictiva de la identidad nacional, centrada en la defensa de lo que él considera los intereses de Estados Unidos. Apenas asumió el cargo el lunes pasado, firmó una serie de decretos que, según analistas, apuntan a una política de exclusión cultural y lingüística en línea con su eslogan "Make America Great Again". Con esta decisión, el español queda nuevamente relegado en la comunicación oficial del gobierno federal, una medida que muchos critican como un retroceso en la inclusión y diversidad cultural del país. Fuente: El economista