En un frío y nublado páramo se levanta un coloso de hielo que, con dos cumbres, alcanza los 5.758 metros de altura sobre el nivel del mar. El volcán Antisana es imponente y se lo puede ver cuando el cielo, intermitente, se despeja. Para nuestra fortuna, esa mañana pudimos contemplarlo. Nos cautivó, como lo hizo con el naturalista alemán Alexander Von Humboldt, hace más de 200 años, en la época en la que visitó Ecuador y parte de América. Como buen viajero, él registró en su diario las especies de flora y fauna que iba encontrando en su camino, encuentros culturales, y las experiencias en diferentes ecosistemas. El territorio donde se encuentra ubicado ahora es una Área de Conservación Hídrica con una extensión de 12.000 hectáreas, según el Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador. ADN Sostenible recorrió parte de este territorio. Nuestros anfitriones fueron los miembros del Fondo para la Protección del AGUA (FONAG): Bert De Bièvre, secretario técnico; Rossana Pazmiño, coordinadora de comunicación; Fernanda Olmedo, Coordinadora de Educación Ambiental; y Manuel Simba, guarda páramo. Este territorio fue reconocido como área de protección por la importancia que tiene este territorio como proveedor de agua para Quito y porque sus suelos capturan carbono, mitigando el cambio climático. Es por esta razón que el Fondo para el Agua, FONAG, interviene en este territorio. Buscan conservar esta área en un 100% a través de actividades de control, vigilancia y monitoreo para eliminar las amenazas que provocan daños en este ecosistema. El Páramo, proveedor de agua y capturador de carbono Esta zona cuenta con diferentes formaciones vegetales: páramo herbáceo, páramo de almohadillas y páramo pajonal. En el 2017, el FONAG adquirió alrededor de 958 hectáreas del predio Jatunhuayco que, sumadas a las 8487 hectáreas que pertenecen al EPMAPS, Agua de Quito, conforman esta área de conservación. El territorio se caracterizaba por suelos erosionados por la presencia de ganadería y páramo. Proteger este territorio, a través de monitoreo de los mismos, es vital ya que el páramo es uno de los proveedores de agua de las ciudades: en el caso de esta cuenca, abastece a casi 300 000 personas que habitan desde la Av. Morán valverde hasta el límite sur del Distrito Metropolitano de Quito. “Por otro lado, el páramo no es como un bosque”, comenta el Secretario Técnico. En ese sentido, es muy distinta la lógica del procesamiento de carbono. Ahí, el reservorio de carbono es el suelo, no son los árboles como en la selva tropical. Esto es muy importante tomar en cuenta dentro del contexto de cambio climático. El carbono fue almacenado en el suelo del páramo durante miles de años, capturado lentamente. Por esta razón hay un riesgo enorme de que si se destruye este páramo todo este carbono se va a ir a la atmósfera. “Estamos luchando para que en las lógicas de créditos de carbono a nivel mundial sea reconocido como emisiones evitadas. Estamos trabajando para esto”, comenta Bert. ¿Cuáles son las principales amenazas? Los suelos del páramo, importantes en su aporte contra el cambio climático, han sido degradados por las actividades humanas como la ganadería o incendios. FONAG, una inicitiva de 19 años Bert habla sobre el trabajo del FONAG, y la importancia de intervenir diferentes áreas que son de vital importancia para la conservación y abastecimiento del agua a diferentes zonas de Quito. Cuando hablamos de que si este es un buen ejemplo de política pública, contesta: “Sí, de política pública y, diría también, de política privada. Porque el FONAG es una iniciativa con participación de ambos sectores. Creo que en la historia de FONAG, en sus 19 años, ha estado mostrando que es una iniciativa sostenible que está relativamente protegida contra los cambios a corto plazo”. Tras los pasos de Humboldt Muy cerca del Antisana se encuentra la casa donde se hospedó Alexander Von Humboldt cuando visitó este lugar hace más de 200 años. Frente a ella se encuentra un mural donde consta la firma del Primer Ministro de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, quien visitó la reserva en 2019. Es necesario conservar esa memoria histórica y valorar su riqueza y aporte a la conservación del planeta.Por: Cristina Guevara, ADN SostenibleFotos: Cristina Recalde, Ekos.