Estos impactos continuarán escalando – y probablemente de manera exponencial – hasta que el mundo logre una transición completa hacia una economía “cero neto”. Es decir, una economía en la que todas las nuevas emisiones de gases de invernadero sean balanceadas con emisiones retiradas de la atmósfera en paralelo. Actualmente, países como Reino Unido, Japón, y Canadá se han comprometido a descarbonizar sus economías al 100% para el año 2050, y muchos otros se han adherido a este compromiso como parte de los objetivos definidos en la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático COP26 celebrada en Glasgow en noviembre de 2021. En un reciente artículo de McKinsey & Company “Seis características que definen la transición “cero-neto”” analizamos que esta transición sería universal, significativa y con efectos dispares en sectores, geografías y comunidades, incluso cuando el objetivo final sea crear oportunidades de crecimiento. Los cambios se darían principalmente en los sistemas de energía y uso de la tierra, siendo estas características: Universal, significativa, anticipada, desigual, expuesta a riesgos y rica en oportunidades. Universal: Hoy todos los países del mundo contribuyen a las emisiones de CO2 a través de 7 sistemas de energía y uso de tierras: energía, industria, movilidad, edificios, agricultura, bosques y residuos. Para lograr una transición adecuada, dadas las interdependencias globales y de cada uno de estos sistemas en el efecto climático, cada país y cada uno de estos sistemas deberán ser transformados para que sus estructuras de mercado (demanda, asignación de capital, costos y trabajos), regulación y tecnología se desarrollen en paralelo hacia una economía “cero neto”. Significativa: Nuestras estimaciones apuntan a que la economía global requerirá invertir alrededor de $3.5 trillones de dólares adicionales hasta 2050 de lo que se invierte hoy en día en los sistemas de energía y uso de tierra. Estas inversiones deberán ser destinadas a desarrollar nuevos activos de bajas emisiones y a desarrollar los elementos habilitadores de estas nuevas inversiones (e.g., fuerza laboral, compensación a otros sectores). Adicional a estas nuevas inversiones, estimamos que alrededor de $1 trillón de dólares podrán ser reasignados de sectores de altas emisiones a sectores de bajas emisiones a nivel global. Anticipada: El crecimiento en las inversiones (como porcentaje del PIB global) en esta transición tendrá que ser mayor en los primeros años de la misma. Esto debido a que las economías, realizarán inversiones en nueva infraestructura, desarrollo de nuevas capacidades, e incentivos económicos de manera temprana en la transición. Desigual: Las regiones con un menor PIB per cápita y con mayores recursos de w necesitarían invertir más - en relación al PIB - para reducir sus emisiones y construir una economía alrededor de esta estructura. Estos países también tienen una proporción relativamente mayor de puestos de trabajo, PIB y capital social en los sectores que estarían más expuestos a la transición. Algunos de ellos se enfrentarían a una doble carga, y estarían expuestos tanto a los ajustes de transición como a los crecientes riesgos físicos (e.g., inundaciones, sequías) que estos cambios implican. Expuesta a riesgos: El desarrollo de nuevos sectores de baja emisión requerirá de una implementación ordenada de los activos energéticos y de uso de la tierra. En inicio, por ejemplo, la transición podría implicar un incremento en los costos de energía para industria y ciudadanos durante los primeros años de la transición y una gradual reducción de estos desde el 2030 en adelante. Adicionalmente, varios de los activos energéticos de altas emisiones podrían tener que ser decomisados mucho antes de lo esperado por su vida útil, lo que tendrá grandes implicaciones para las estructuras de capital en los países. Rica en oportunidades: La transición hacia este nuevo modelo desarrollará nuevos sectores y mercados a nivel global que tienen un potencial significativo. Estos principalmente en tres áreas: el desarrollo de nuevos procesos y tecnologías para descarbonizar los procesos actuales (e.g., acero verde), industrias que reemplazarán usos de altas emisiones por bajas emisiones (e.g., vehículos eléctricos) y nuevos servicios para apoyar a la nueva cadena de valor descarbonizada (e.g., CCUS). A continuación, describiremos algunos de los retos y oportunidades de dos de las industrias más relevantes para el Ecuador. Energía.- El sistema energético global representa el 30% de las emisiones de CO2. Para lograr la carbono-neutralidad, la generación de energía en plantas de combustibles fósiles podría ser reemplazada por energías renovables (solar, eólica o nuclear) o de bajas emisiones. Esto, alineado al crecimiento de la población, generaría un incremento en la demanda de energía eléctrica y por ende de los sistemas de generación, distribución y almacenamiento en todo el mundo. Además, sería prioritario abordar los desafíos asociados a las energías renovables – como la intermitencia o estacionalidad – a efectos de aumentar la confiabilidad en el sistema. El sistema energético tiene algunas de las mayores oportunidades de creación de valor para los productores de energía, equipos, hardware de almacenamiento de electricidad, servicios relacionados, etc. Las oportunidades para enfrentar los desafíos de implementación, integración y confiabilidad son muchas, y para capturar valor es probable que se requiera una innovación continua de las tecnologías de almacenamiento de información y un diseño cuidadoso de la red. Alimentación y agricultura.- Cerca de un tercio (27 por ciento) de las emisiones de gases de efecto invernadero (GHG) del mundo provienen de alimentos y agricultura - más de la mitad de la producción animal. La descarbonización en alimentos y agricultura impactaría la forma de cultivar, la dieta y la administración de bosques y los sumideros naturales de carbono. Las tecnologías de nueva generación, la innovación y las oportunidades de inversión podrían enfocarse en estas áreas: mejora de la producción de alimentos y ganado; la descarbonización de la producción de alimentos y el secuestro de carbono; y la producción de proteína basada en plantas y de menor emisión para productos alimenticios alternativos. Dada la amplitud y la escala del sector agrícola, el apoyo a las intervenciones agrícolas probablemente variaría según la geografía, el tipo y la estructura de desarrollo. En el corto plazo, ayudar a los agricultores a involucrarse y adaptar las prácticas de agricultura ecológica y proporcionar acceso al capital en una etapa podría acelerarla. Un ejemplo de esto es la proteína. La cual es una de las categorías de alimentos más ambientalmente desafiantes porque es difícil simplemente “cultivarla”. Si la proteína se basa en animales, requiere introducir otros ingredientes, como alimentos, para mantenerlos. Según, nuestros análisis al evaluar la cantidad de alimento requerido, el camarón se encuentra entre las fuentes proteicas más sostenibles, la acuicultura es un área con poca inversión que podría proporcionar proteína a una escala más grande y sostenible. Uno de los retos en la industria que podría disminuir el impacto energético, se da por las condiciones meteorológicas necesarias para que las piscinas artificiales mantengan la temperatura adecuada, que, en ciertos países representaría un alto consumo en electricidad. La transición a Net Zero requerirá que las economías y las sociedades realicen ajustes significativos, muchos de los cuales se pueden apalancar a través de acciones coordinadas que involucren a gobiernos, empresas e instituciones facilitadoras, buscando ampliar los horizontes de planeación e inversión. Estas acciones podrían tomarse en un espíritu de unidad por dos razones clave: en primer lugar, el carácter universal de la transición significa que todos los interesados tendrán que desempeñar un papel ya que cada país y sector contribuye a las emisiones. En segundo lugar, las cargas de la transición no se sentirán uniformemente, y los costos serán mucho más difíciles de soportar para algunos interesados que para otros. Por lo tanto, sin un esfuerzo real por abordar estos efectos en un espíritu de equidad, parece poco probable que los actores más afectados puedan o estén dispuestos a hacer lo que les corresponda para avanzar en la transición. Por _ Rafael Espinoza, socio de McKinsey & Company Ecuador y Ana Maria Rodriguez, consultora de McKinsey Ecuador