A nivel mundial, las mujeres tienden a experimentar tasas más altas de trastornos depresivos en comparación con los hombres. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), tienen una prevalencia de depresión que es aproximadamente el doble que la de los hombres. Y Martina, con 22 años, abordó este tema tan urgente, pero a la vez tan subestimado en la actualidad. La joven quiteña fue partícipe destacada en la elección de la Reina San Francisco de Quito y, según ella, la sociedad ecuatoriana tiene una percepción que dista de la verdadera esencia de la elección de la Reina de San Francisco de Quito. “En este escenario, la competencia no radica en la perfección estética, sino en la profundidad y alcance de los proyectos sociales propuestos por las concursantes”, dice. Las candidatas no compiten por una corona o banda, sino que proponen un proyecto social con la esperanza de convertirlo en una realidad. En el caso específico de Martina, desde temprana edad ha llevado consigo la chispa del altruismo, una llama encendida por la inspiración y los valores inculcados por sus padres. Criada en un hogar donde el deseo de ayudar a los demás trasciende las barreras de edad y posición social, Martina convirtió esta pasión en el motor que impulsa su participación activa en la construcción de un mundo más justo. Y, bajo ese paraguas, nació su proyecto ‘Una Razón para Vivir’, iniciativa que no surgió por casualidad o simplemente para cumplir con los requisitos de la elección de la Reina, sino como una extensión de su experiencia en la Fundación IDPAL, dedicada a mujeres adolescentes embarazadas. Martina busca brindar apoyo a madres adolescentes que enfrentan desafíos emocionales y psicológicos, marcando una diferencia tangible en sus vidas. Como ella lo expresa, “cada vida merece ser vivida con propósito y de no sufrir en silencio”. La generación del cambio La importancia de la salud mental no es un tema nuevo, pero Martina destaca el creciente interés entre las nuevas generaciones sobre la necesidad de abordarlo. “Los jóvenes tenemos el poder de cambiar la narrativa. Somos conscientes de los problemas que enfrentamos y estamos dispuestos a actuar”, menciona. En una sociedad cada vez más competitiva y demandante, los problemas de ansiedad y depresión afectan a personas de todas las edades. Martina no solo reconoce este problema, sino que trabaja para desterrar el estigma asociado con la salud mental. Entiende que el cambio comienza con la educación y el diálogo, y se esfuerza por normalizar las conversaciones sobre salud mental, tanto en su círculo cercano como en la sociedad en general. “Hablar es el primer paso para sanar, y mi objetivo es abrir espacios seguros para que las personas compartan sus historias sin miedo, ni vergüenza”, expresa. Educación como puente hacia el cambio La conexión entre la educación y el compromiso social es clara en su historia. Al finalizar sus estudios, ampliará su proyecto, aprovechando sus habilidades en relaciones internacionales para establecer contactos y brindar ayuda a más personas en diferentes lugares del mundo. “La educación nos conecta más allá de las fronteras. Si puedo utilizar mis conocimientos para hacer del mundo un lugar mejor, eso es lo que haré”, afirma con determinación. La conciencia sobre la importancia de la salud mental está creciendo, y se está trazando un camino más compasivo y solidario. Como Martina concluye, “somos la generación que puede cambiar el mundo, y lo haremos juntos”.