La falta de estadísticas oficiales y el limitado acceso a diagnósticos tempranos y terapias especializadas han dejado a miles de niños en una situación de vulnerabilidad. Sin embargo, desde hace 12 años, la Fundación Camina Conmigo ha trabajado incansablemente para cambiar esta realidad. Fundada por María Gabriela Avellan, madre de Lucas (un niño con autismo); y, liderada estratégicamente por Daniela Espinoza, esta organización ha impactado a más de 100 familias, proporcionando diagnósticos, terapias y apoyo integral para mejorar la calidad de vida de los niños con trastorno del espectro autista (TEA). Según el Centers for Disease Control and Prevention, 1 de cada 36 niños tiene autismo. En Ecuador, aunque no existen datos oficiales precisos, la realidad no es diferente. A pesar de la obligatoriedad de incluir a niños con discapacidad en el sistema educativo, muchas instituciones no cuentan con las herramientas necesarias para brindar una educación inclusiva y de calidad. “Cuando mi hijo Lucas tuvo que entrar al colegio, me dijeron que no estaban preparados. Eso fue el motor inicial para empezar la Fundación”, recuerda María Gabriela. De la capacitación a la transformación Lo que comenzó como un programa de capacitación para colegios ha evolucionado hacia un modelo integral de apoyo a niños con autismo en situación de vulnerabilidad. La Fundación ofrece: Diagnósticos gratuitos en zonas rurales y periféricas. Terapias personalizadas con un enfoque de intervención temprana. Apoyo a las familias, empoderándolas con información y recursos. Capacitación a colegios y empresas para fomentar la inclusión. Programas comunitarios como Autism Talks, que ofrece charlas gratuitas con expertos en neurodesarrollo para padres y docentes El programa Caminantes, donde jóvenes de colegios organizan actividades de recaudación, promoviendo la sensibilización desde edades tempranas. “Mientras más temprano intervenimos, mayor es el impacto positivo en su desarrollo. Sin terapia, un niño con autismo puede quedar completamente excluido de la sociedad”, enfatiza María Gabriela. Además, la Fundación ha implementación programas internacionales como Understanding Our Differences en un enfoque one-to-one, que permiten comprender de manera directa sobre el autismo y otras discapacidades; y, otras certificaciones de la Universidad de Colorado. Inclusión: un reto en el sistema educativo y empresarial A pesar de los avances, el camino no ha sido fácil. La ley ecuatoriana exige que al menos el 3% de la matrícula en los colegios sea destinada a niños con discapacidad, pero la mayoría de las instituciones han cumplido esta norma incluyendo solo a niños con discapacidades físicas, dejando fuera a aquellos con autismo y otras condiciones del neurodesarrollo. “Es impresionante cómo, cuando no te afecta de cerca, simplemente no lo ves”, menciona María Gabriela sobre la inclusión de niños con autismo en los colegios. Sin embargo, el sector empresarial también juega un rol clave, ya que la sostenibilidad de la Fundación depende de su apoyo. Cada niño atendido requiere una inversión mensual de USD 1.000, costo que muchas familias no pueden asumir. “Ofrecemos apadrinamiento, donaciones, capacitaciones y campañas de concienciación”, explica Daniela, quien ha impulsado alianzas con empresas. “Apoyar la inclusión no es solo responsabilidad social, sino una oportunidad para generar impacto”, agrega. La Fundación ofrece talleres, voluntariado y estrategias para integrar la inclusión en la cultura corporativa. El poder de la empatía: Hidden Disabilities Sunflower Uno de los hitos recientes más importantes de la Fundación es la implementación del programa Hidden Disabilities Sunflower en Ecuador, un sistema de identificación internacional para personas con discapacidades invisibles, como el autismo. “Este lanyard permite que personas con TEA, epilepsia u otras condiciones que no son percibidas a simple vista, reciban un trato más empático en espacios públicos como aeropuertos, supermercados y centros comerciales”, explica María Gabriela. María Gabriela hace un llamado urgente a las empresas y a la sociedad en general: “1 de cada 36 niños tiene autismo y el 90% de ellos en Ecuador no está recibiendo la atención que necesita. El Estado no está cumpliendo su rol, y es responsabilidad de todos contribuir a su bienestar”. Por su parte, Daniela concluye, diciendo que, “la inclusión no es solo una responsabilidad social, es una oportunidad para transformar vidas y construir un futuro más equitativo". ¿Estás listo para caminar con ellos?