Durante muchos años, nuestra vida diaria ha dependido en gran medida del suministro de energía para mantener y hacer funcionar todos los productos y servicios que necesitamos. Por esta razón, los investigadores llevan años trabajando en la búsqueda de soluciones más eficientes y sostenibles para el almacenamiento de energía. A pesar de contar con fuentes limpias de energía como el sol, el viento y el agua, no siempre tenemos condiciones ideales para su aprovechamiento constante, lo que nos obliga a buscar métodos efectivos de almacenamiento para evitar pérdidas. Actualmente, la solución principal son las baterías, aunque su principal inconveniente es el uso de litio, un recurso cada vez más escaso e insuficiente para la alta demanda del mundo moderno. Es por ello que investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos han desarrollado un dispositivo de almacenamiento de energía conocido como supercondensador, utilizando materiales básicos y económicos como agua, cemento y negro de carbón. También puedes leer: El hueso de la aceituna en ladrillos podría servir como aislante térmico, según un estudio Estos supercondensadores se destacan por su eficiencia en el almacenamiento y su capacidad para cargar y descargar energía de manera rápida, a diferencia de las baterías que son más lentas en este proceso. Aunque no son ideales para dispositivos pequeños como móviles u ordenadores, los investigadores creen que podrían revolucionar la economía mundial hacia una menor emisión de carbono. Por ejemplo, podrían integrarse en las paredes y columnas de los edificios para almacenar energía, o incluso en carreteras para generar y cargar energía de manera inalámbrica a medida que pasan los vehículos. También te puede interesar: LEGO inspira la construcción de casas con ladrillos de plástico y fibras de vidrio reciclados Aunque actualmente estos supercondensadores solo han demostrado almacenar energía suficiente para alimentar un LED de 10 vatios durante 30 horas, el potencial de esta tecnología es prometedor. El desafío ahora radica en continuar desarrollando esta tecnología para mejorar su capacidad y eficiencia, lo que podría convertir las estructuras cotidianas, como las paredes de nuestras casas, en baterías funcionales en un futuro cercano. Fuente: elEconomista