La experta comenzó poniendo énfasis en una situación adversa que continúa latente en la sociedad ecuatoriana. Las mujeres tienen menos oportunidades de acceder a un trabajo digno por procesos de discriminación y sesgo, que muchas veces son inconscientes y se practican dentro del hogar y del ambiente laboral. Para Iturralde, se debe transformar el estatus quo si se quiere cerrar la brecha de las desigualdades, en un país tan diverso como Ecuador. En la actualidad, aún existen prejuicios por parte de las empresas, públicas y privadas, para contratar a mujeres. Siempre, considerando su edad, planes de matrimonio, hijos, entre otros factores, que minan las oportunidades de crecimiento profesional de esta población. “Los sistemas de seguridad social y de trabajo están al margen de la formalidad o al límite inferior de los umbrales contributivos, que limitan el acceso a las herramientas para que las mujeres sean resilientes en las crisis” expresó Iturralde. En época prepandemia, tres de cada 10 mujeres no tenían ingresos propios, seis de cada 10 se encontraban en la informalidad o en el subempleo, la brecha de salarios estaba entre el 18% y 20%, y las mujeres llevaban una carga de trabajo no remunerado de 3,5% más en comparación con los hombres. A pesar de que su participación laboral ha estado creciendo, siempre se ha mantenido 30% menos que el de sus pares hombres. Llegada la pandemia, las mujeres se ubicaron en los sectores económicos más afectados por la crisis: comercio, turismo, el trabajo no remunerado del hogar… lo que ha fortalecido la discriminación y las pocas oportunidades que hay en la actualidad, según lo afirmó Iturralde.