No se sabe bien cómo y cuándo se puso de moda el aforismo "haga lo que usted ama y nunca tendrá que trabajar un día en la vida", que ya fue atribuido a Confucio, y que sigue vivo en el discurso de empresarios y millonarios tecnócratas. Uno de sus profetas fue Steve Jobs (1955 - 2011), CEO de Apple, quien en 2005 le habló en estos términos a un grupo de graduados de la Universidad de Stanford: "Ustedes necesitan encontrar lo que aman, eso es importante tanto para la vida profesional como para la vida amorosa ... y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que haces". Sin embargo, el énfasis en hacer lo que a uno le gusta, en ciertas carreras, facilita la legitimación de prácticas abusivas, injustas o degradantes en el mercado de trabajo. Esta es la tesis principal de un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad Duke, en EE.UU., en asociación con profesores de psicología social de la Universidad Estatal de Oklahoma, EE.UU. El estudio busca demostrar que, como en la vida amorosa, cuando uno está fascinado por algo -en este caso, el trabajo- esto puede "cegar" a las personas y llevarlas a realizar tareas que no fueron contratadas para hacer. Explotación legitimada El fenómeno descrito en el estudio se llama "legitimación de la explotación de la pasión". Aunque la pasión por el empleo sea positiva, da lugar a que se legitimen prácticas nocivas de gestión y se explote a la mano de obra. Para los autores del estudio, la explotación se define "a partir del momento en que la gerencia, que representa sus propios objetivos e intereses así como los objetivos de los propietarios, exige que algunos empleados trabajen excesivamente o se involucren en tareas degradantes sin pago adicional o recompensas tangibles". Hacer horas extra no remuneradas, permanecer lejos de la familia, trabajar los fines de semana sin compensación e incluso escuchar insultos, son vistos como comportamientos justificables entre las personas que se relacionan de forma apasionada con el trabajo, o en lo que la sociedad considera como "trabajo apasionado ". Las injusticias se producen cuando los trabajadores no se benefician lo suficiente de esta entrega excesiva. El beneficio, en este caso, se considera como algo a ser cosechado a largo plazo. El "pago intangible" de ese esfuerzo motivado por la pasión es una promesa que no siempre se cumple, lo cual acaba con la noción de justicia o mérito entre los empleados. Según el estudio, esa explotación se produce a partir de dos mecanismos mediadores. El primero de ellos es lo que se supone que las personas apasionadas por el trabajo se habrían ofrecido a hacer si hubieran tenido la oportunidad. El segundo se da a partir de la creencia de que, para esta gente, el propio trabajo es la recompensa. ¿Demasiado amor? Los trabajadores no son siempre conscientes de ello. Como la actividad que realizan involucra afecto, el sujeto no puede verla como explotación. "Este movimiento sociocultural contemporáneo que entiende el trabajo no como un oficio, sino como una actividad apasionante de la que las personas obtienen goce y sentido, puede irónicamente llevar a que muchas personas consideren prácticas gerenciales cuestionables como justas y legítimas", afirman los autores del estudio. "Un buen número de sociólogos y periodistas han percibido un aumento del maltrato entre los empleados apasionados por el trabajo, aunque son ellos mismos los que admiten que la pasión justifica el abuso. En Corea del Sur, jóvenes trabajadores desilusionados acuñaron el término “salario de apasionado", o "pago de apasionado ", para referirse, burlonamente, a la expectativa de que deberían trabajar sin ganancias sustantivas porque su entusiasmo es la recompensa", señala el estudio. La investigación también observa la legitimación de la explotación por un camino inverso: cuando los observadores atribuyen "pasión" y "dedicación" al trabajador que está, en realidad, siendo explotado. Como el éxito no siempre acompaña a quienes se esfuerzan, estereotipos sociales como "pobre, pero feliz", o "rico, pero infeliz" refuerzan el status quo. Para muchos, especialmente en una sociedad individualista como la estadounidense, el sistema social es justo cuando la desventaja material (pobreza) es neutralizada por el aparente bienestar. Los autores llaman a ese mecanismo de "justificación compensatoria". "Nuestra investigación muestra que podemos participar de forma involuntaria en la legitimación de una forma de explotación laboral sutil e insidiosa. Ciertamente, no estamos diciendo con eso que las personas deban desistir de buscar lo que les gusta en el trabajo (o en la vida)", afirman los autores de la investigación. "Nuestro objetivo es inspirar más atención social y científica a las formas de explotación que pueden pasar desapercibidas en la sociedad contemporánea". Fuente: BBC Mundo