La exclusividad no se refleja en un exceso de lujo, sino en las escasas oportunidades para poder disfrutarlos, lo que automáticamente parece convertir al local en objeto de culto ‘foodie’. Aquí los cinco restaurantes con estrellas Michelin más pequeños y codiciados del mundo. Un camino de ida en Logroño En 2015, la ilusión, la experiencia y el cariño de Félix Jiménez por su tierra natal tuvieron como resultado la apertura de su restaurante: Kiro Sushi, en Logroño, comunidad autónoma de La Rioja, al norte de España. Kiro significa “camino de regreso” en japonés y para Jiménez, chef, creador y alma de este proyecto supone exactamente eso. Como riojano, su sueño era abrir su propio restaurante en su tierra, plasmar en él todos los conocimientos adquiridos durante una larga trayectoria en la gastronomía y compartir con sus clientes su visión personal de Japón. Desde su apertura -todo un hito en Logroño- Kiro ha permitido a riojanos y visitantes disfrutar en primera línea de la mejor gastronomía japonesa e, incluso, aprender a elaborar sushi gracias a los cursos que imparte en el restaurante. Concebido como un restaurante que respeta el formato tradicional japonés, este espacio con estrella Michelin acepta sólo 10 diez comensales por servicio. Su dueño elabora frente al cliente el sushi y otras creaciones, que componen un único menú degustación, con unos 16 nigiris. De Londres a Hong Kong El restaurante Araki de Hong Kong es dirigido por su propio dueño, el aclamado chef Mitsuhiro Araki. Se trata de su segunda aventura gastronómica en el extranjero, después de cinco años en Regent Street de Londres. El comedor minimalista, en un edificio histórico, cuenta con un mostrador de ciprés de 200 años, con solo 12 asientos. Ofrece un menú de omakase de 20 platos, con pescado, en su mayoría, traído desde Japón. Combina la cultura culinaria local y la tradición del sushi. Se destaca por su creatividad, con el uso de nido de pájaro y fauces de pescado. La expresión japonesa omakase significa “confiar” o “ponerse en las manos del chef”, es decir, que se comerá lo que el jefe de cocina elija cada día. Un moderno a la antigua Sukiyabashi Jiro se encuentra en Tokio y ostenta cinco de las codiciadas estrellas. Lo lidera Jiro Ono, quien prepara el sushi para los clientes. El sushi se originó como comida informal servida en puestos de comida en la era Edo. Los chefs de sushi untaban salsa de soja nikiri y salsa nitsume (o tsume) sobre el sushi que preparaban y las colocaban frente a los clientes. Estos lo comían rápidamente con las manos, luego bebían un poco de té, se limpiaban las manos en la cortina noren y salían del puesto de comida. Sukiyabashi Jiro mantiene la tradición del sushi al estilo Edo. Sólo sirven el menú de degustación de omakase. El menú de degustación de omakase, que se sirve en el mostrador de Sukiyabashi Jiro, se determina por la mañana todos los días y se ofrece en orden. Consta de unas 20 piezas de sushi. Esa es una cantidad bastante grande. Recomiendan comer el sushi poco después de colocarlo en el plato. Sus sabores son más exquisitos cuando se acaba de preparar. Un pequeño en el corazón de Manhattan Chef’s Table es el restaurante con tres estrellas Michelin del mercado Brooklyn Fare, en Manhattan. Una experiencia gastronómica con la cocina del chef César Ramírez. Inspirado en la cocina japonesa y la técnica francesa, la carta cambia para reflejar los productos de temporada. El menú de degustación es predominantemente de pescado y mariscos, con uno o dos platos de carne y una variedad de postres. Se estructura en torno a un mostrador funciona como mesa del chef: una barra para un máximo de 18 comensales separa la cocina de la clientela. Un danés en Nueva York La cocina sensorial Atera es una palabra vasca que se traduce como “salir”. Allí se ubica uno de los espacios más sofisticados y especiales de Nueva York, perteneciente al danés Ronny Emborg. Sonido, color, sensación, olfato y gusto. Nada hace que los sentidos se sientan más vivos que el acto de comer y nada tiene más sentido que disfrutar de una buena comida. Y de este sentimiento nace la cocina sensorial. En Atera, situado en el barrio de Tribeca, al sur de la isla de Manhattan, buscan los mejores productos en un intento de hacer que la cocina sea más honesta, pero sobre todo y simplemente porque genera el mejor sabor. Los colores de su cocina reflejan la temporada. En verano sirven creaciones verdes, jugosas y vigorosas; mientras que el invierno sigue un rastro más oscuro, profundo y reflexivo. A lo largo de un menú, el chef siempre persigue los delicados matices de los diferentes colores. Es un espacio que persigue la comida familiar. Sus comensales son personas que disfrutan comiendo sano y en abundancia, con café selecto y helado de matcha. Cuenta con jardines ocultos en un sótano de Tribeca. Sus creadores dicen que allí crece su creatividad culinaria. Fuente: Infobae