Después de que la empresa tecnológica Filtered publicara un estudio al respecto, Harvard Business Review ha nombrado este sistema como el más eficaz para ser productivo. Al ser autónomo, muchas veces no tengo una estructura establecida para cada día. También te puede interesar: Qué es el timeboxing y cómo puede ayudar a los negocios En un intento de evitar quedarme toda la noche escribiendo y crear un horario de trabajo más "normal", decidí adoptar el "truco de productividad más útil" de Harvard: el timeboxing. Este método de productividad consta de tres pasos: el volcado cerebral o brain dumping, el establecimiento de prioridades y la planificación diaria. El brain dumping consiste en volcar todos los pensamientos en algún medio, ya sea en papel, en digital o grabándolo. Se pueden escribir las tareas que se tienen que hacer, conceptos para futuras ideas o cualquier cosa que merezca la pena conservar. Lo segundo es establecer las tres prioridades de cada día para no perder de vista cuáles son los objetivos más importantes. Por último, la planificación del día. Esto supone el elemento clave de este sistema y requiere programar el día por horas, desde que te despiertas hasta que te acuestas. Después de que la empresa tecnológica Filtered publicara un estudio sobre el timeboxing, Harvard Business Review lo ha reconocido como el truco de productividad más útil: "puede que sea la habilidad práctica más importante que puedas desarrollar como profesional a día de hoy". Preparación mental El beneficio más inmediato que he observado al utilizar el método del timeboxing ha sido la preparación mental para cada día. Algunos días están más saturados de actividades que otros y saber lo que te espera ayuda a tener la mentalidad adecuada para cada momento. A menudo rellenaba la hoja de timeboxing justo después del primer café del día, ya que era para mí el momento perfecto para preparar mi mente. El paso del análisis o descarga mental no me aportaba mucho, pero designar las prioridades y asignar el tiempo a las tareas era realmente eficaz. Por ejemplo, saber si el día que tenía por delante implicaba escribir mucho o si iba a estar gestionando más el correo, me preparaba mentalmente para abordar esas actividades. Reducción de la procrastinación Una vez terminada la planificación, me ponía inmediatamente con la tarea que tenía asignada para ese momento. Esto me ayudó a evitar la procrastinación matutina, de la que soy víctima con demasiada frecuencia. Tenía claro qué debía hacer y cuándo, y si me desviaba de ese camino, me sentía culpable. De esta manera, tenía todo el día organizado para cumplir con las prioridades. El timeboxing se parece a otro método de productividad, el body doubling, en el que estudias o trabajas con otra persona para rendirle cuentas. Las tareas te las pones tú mismo, pero otra persona puede echarte la bronca si no las has cumplido. Esta técnica te ayuda a comprender mejor el tiempo que te lleva cada tarea. Cuando empecé este sistema, a menudo me excedía o me quedaba corto en la cantidad de cosas que podía acometer cada día. Ahora mis estimaciones son más precisas y eso me ayuda también a planificar mejor el ocio y mi tiempo libre. Más tiempo con familia y amigos Antes rechazaba más planes con mi familia o amigos porque no sabía cuándo iba a terminar el trabajo que tenía por delante. Ahora empiezo a comprender mejor cuánto tiempo necesito dedicar a las distintas tareas. Este método también me ha ayudado a reconocer cuándo he cumplido –o me he excedido–. Si me he marcado 8 horas y las he completado, es hora de dejarlo. Antes de regularme el horario, me quedaba trabajando hasta que ya no podía más y necesitaba desconectar. Uno de los mayores beneficios que he visto del timeboxing es establecer límites. Antes registraba mis horas trabajadas, pero a menudo se me olvidaba cuánto había hecho exactamente. El sistema de Harvard es más fácil de seguir porque es tan simple como "empezar a esta hora" y "terminar a esta hora". Planificación no apta para imprevistos Tardar demasiado en completar una tarea se convierte en un problema dentro de la planificación diaria. Una vez que te das cuenta de que te has excedido en una de las actividades que tenías para el día, pero aún no has terminado, te planteas un ultimátum: continuar con el trabajo o respetar el método. También te puede interesar: 5 habilidades de las personas inteligentes que te llevarán al éxito, según un experto de Harvard A menudo no tengo más remedio que continuar con mi trabajo, aunque con un inminente sentimiento de culpa. Por el contrario, si terminaba una tarea demasiado rápido, tenía la percepción de que podía descansar hasta que llegase la hora de ponerme con la siguiente tarea. Fuente: Business Insider