En la era de TikTok, las marcas deben hablar en el mismo nivel de sus audiencias, con códigos más cercanos, formatos más ágiles y mensajes menos acartonados. Para Nicolás Chamorro, CEO de Quoka, este giro obligó a las empresas a dejar atrás la comunicación impoluta y abrirse a una conversación más auténtica. Quoka inició operaciones en 2021, cuando TikTok todavía era visto con recelo por muchas marcas en Ecuador. Nicolás recuerda que al comienzo existía resistencia, sobre todo por la idea de que la plataforma era solo para bailes o entretenimiento. Con el tiempo, ese prejuicio cedió paso a una certeza: TikTok se convirtió en un medio relevante para construir marca, lanzar productos y conectar con nuevos nichos. Para Martín Pazmiño, COO de Quoka, uno de los mayores cambios fue entender que el impacto ya no depende solo del tamaño de la audiencia. Un creador con mil seguidores puede lograr resultados tan potentes como un perfil masivo, siempre que exista afinidad con la marca, una estrategia clara y un mensaje bien aterrizado. La lógica dejó de ser volumen por volumen y pasó a ser relevancia con intención. Ambos coinciden en que el reto ya no es convencer a las marcas de entrar al entorno digital, sino ayudarlas a usarlo mejor. Ahí entra la co-creación: cliente, agencia y creador trabajando desde el inicio para adaptar el ADN de la marca al lenguaje de la plataforma. No se trata de perseguir viralidad por inercia, sino de alinear cada campaña con objetivos concretos, desde awareness hasta conversión. También te puede interesar: La batalla por la memoria del consumidor se gana con estrategia, no con ruido A ese nuevo mapa se suma la inteligencia artificial. En Quoka la ven como una herramienta de apoyo, no como un reemplazo de la creatividad humana. Sirve para animar piezas, escalar contenido y fortalecer campañas de performance, pero no sustituye la capacidad de contar historias con criterio. En un mercado saturado de estímulos, la recordación seguirá dependiendo de algo esencial: relevancia con autenticidad.