El origen de The Devil Wears Prada La franquicia tiene su origen en la novela publicada en 2003 por Lauren Weisberger, inspirada en su experiencia laboral en la revista Vogue. El libro se convirtió rápidamente en un éxito editorial, lo que permitió su adaptación cinematográfica en 2006 bajo la dirección de David Frankel. La película, protagonizada por Meryl Streep y Anne Hathaway, se posicionó como una comedia dramática centrada en la industria de la moda y obtuvo reconocimiento crítico, incluyendo nominaciones a premios como los Óscar y Globos de Oro. También puedes leer: Assassin’s Creed: de saga de videojuegos a una franquicia transmedia global. Expansión comercial El salto al cine consolidó el valor económico de la franquicia. La película original recaudó aproximadamente USD 326,7 millones a nivel mundial frente a un presupuesto de producción cercano a los USD 35 millones, multiplicando casi diez veces su inversión inicial. Este desempeño posicionó a la propiedad intelectual como un activo rentable, con ingresos adicionales provenientes de distribución televisiva, plataformas de streaming y licencias asociadas a moda y publicidad. Además, el universo narrativo se ha extendido hacia adaptaciones teatrales y alianzas con marcas de lujo, reforzando su carácter transmedia. En este escenario, The Devil Wears Prada ya cuenta con colaboraciones junto a grandes empresas como: TRESemmé: Lanzaron al mercado productos limitados de belleza y cuidado capilar con el diseño visual de la película. Coca-Cola: Termos, bolsitas de tela, tickets para viajes a New York (sorteos), Coca-Cola Dietética y muchísimo más... y, efectivamente, todos estos productos con íconos característicos de la película. L’Oréal: Kendall Jenner y Simone Ashley aparecieron en un spot publicitario en la 98.ª edición de los Premios Óscar: fue allí cuando L’Oréal anunció que haría una colaboración con la franquicia, y desde entonces, han estado vendiendo sérums, labiales rojos, sprays fijadores y más productos de belleza y cuidado personal inspirados en los personajes de Miranda Priestly, Andy Sachs y Emily Charlton. Starbucks: Estrenaron una colección de bebidas donde estas tienen los nombres de algunos de los personajes de la franquicia. Estas se venderán dentro de un periodo de tiempo limitado. The Devil Wears Prada en la actualidad Veinte años después del estreno de la primera adaptación en pantalla grande, la franquicia regresó con The Devil Wears Prada 2, donde fue nuevamente dirigida por David Frankel y protagonizada por Anne Hathaway, Meryl Streep, Emily Blunt y Stanley Tucci. Apenas estrenada en la primera semana de mayo a nivel global, la cinta batió récords: se posicionó en el primer lugar de la taquilla durante su fin de semana de estreno —desplazando del podio a Michael, que registró USD 54 millones en su segundo fin de semana—, percibiendo ingresos de USD 77 millones en Estados Unidos y Canadá y USD 156,6 millones a nivel internacional, consolidándose como uno de los lanzamientos más destacados del año. El filme fue exhibido en 4.150 salas en Norteamérica y mostró una fuerte atracción entre el público femenino, que representó aproximadamente el 76% de los asistentes, según datos de encuestas de salida proporcionados por PostTrak. Además, el 74% de los espectadores indicó que recomendaría la película. Hasta el momento —y considerando que tuvo un presupuesto de USD 100 millones—, la producción ya alcanzó un total que supera los USD 233 millones en su debut, ubicándose como el cuarto mejor estreno del año y liderando mercados clave como Alemania, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, España, Italia, México y Reino Unido. También te puede interesar: Bridgerton: de saga literaria a franquicia global multimillonaria. ¿De qué trata The Devil Wears Prada? La historia sigue a Andrea Sachs, una joven periodista que consigue empleo como asistente de Miranda Priestly, editora de una influyente revista de moda. A través de esta relación laboral, la narrativa explora dinámicas de poder, cultura corporativa y aspiraciones profesionales dentro de un entorno altamente competitivo. La trama combina elementos de sátira y drama, abordando tanto el funcionamiento interno de las empresas como el impacto personal del éxito profesional. En conclusión, a más de dos décadas de su creación, The Devil Wears Prada se mantiene como una franquicia rentable y culturalmente influyente. Su capacidad para generar ingresos sostenidos, adaptarse a nuevos formatos y conectar con distintas generaciones de consumidores evidencia la relevancia de las propiedades intelectuales bien gestionadas dentro de la economía del entretenimiento global. Fuentes: AP News, PRNoticias, El Universo, The Numbers, Letterboxd.