El sector de telecomunicaciones ecuatoriano atraviesa un momento de transformación profunda. “Somos la columna vertebral de la conectividad nacional”, afirma Patricia Falconí, Presidenta Ejecutiva de la Asociación de Empresas de Telecomunicaciones (Asetel), quien destaca que la industria ha mantenido su compromiso con la inversión y la expansión de redes, pese a una caída acumulada del 32 % en ingresos en los últimos años. Las empresas continúan extendiendo la fibra óptica y fortaleciendo la infraestructura móvil particularmente en zonas rurales. Para Falconí, las telecomunicaciones no son solo un servicio, sino un habilitador del desarrollo productivo y social. “El cierre de la brecha digital es imperante para garantizar inclusión, educación, salud y seguridad”, señala. Actualmente, el país cuenta con más de 380 mil km de fibra óptica, un pilar esencial para soportar la creciente demanda de datos y el funcionamiento de sectores como la banca, la industria y el comercio electrónico. La ejecutiva explica que la reducción de ingresos responde a una ecuación compleja: más necesidad de inversión por mayor demanda de gigas, competencia desleal e irrupción de aplicaciones de internet sin regulación —como WhatsApp, YouTube o Zoom— que sustituyeron los servicios tradicionales de voz y mensajería. “Hoy los usuarios demandan más capacidad, pero pagan lo mismo. Su tarifa no ha disminuido, pero sí ha aumentado el volumen de datos”, comenta. Aun así, Ecuador se posiciona entre los países con el internet más económico de la región, gracias al compromiso del sector privado con la eficiencia y la calidad. También te puede interesar: Ranking TIC 2025: Un panorama al sector tecnológico de Ecuador La industria también avanza hacia modelos de sostenibilidad energética y digital. Según Falconí, el apagón eléctrico de 2024 impulsó la adopción de sistemas de autosuficiencia energética, reflejando la capacidad de resiliencia del sector. Además, las operadoras han fortalecido su oferta en ciberseguridad e inteligencia artificial, con soluciones que ayudan a prevenir fraudes y optimizar procesos empresariales. “Hoy el reto no es usar tecnología, sino aprovecharla con propósito y eficiencia”. Más allá de la conectividad, el impacto social del sector es tangible. Más de 640 000 personas vulnerables —entre adultos mayores y personas con discapacidad— se benefician de programas de inclusión digital. “Nuestra prioridad es conectar vidas y oportunidades, no solo dispositivos”, afirma Falconí. En este sentido, las telecomunicaciones siguen siendo un motor de equidad, competitividad y modernización en Ecuador.