La especialista fue enfática al señalar que los suplementos no sustituyen la alimentación, pues no contienen fibra, agua ni la diversidad de nutrientes que aportan los alimentos reales. Más bien, son fuentes concentradas de nutrientes específicos —como aminoácidos, vitaminas o minerales— que pueden ser útiles en casos de deficiencia o de requerimientos elevados, como en deportistas, embarazadas o personas mayores. Carlin destacó que la suplementación bien indicada puede ayudar a prevenir enfermedades y optimizar procesos fisiológicos, pero nunca debe ser vista como una solución mágica. “Que sea natural no significa que no pueda causar daño”, advirtió, explicando que el exceso o la automedicación puede sobrecargar el hígado y generar efectos secundarios. Durante su exposición, desmontó varios mitos comunes: Mito 1: “Todos necesitamos suplementos.” Falso. Solo en casos de déficit comprobado o aumento de la demanda. Mito 2: “Reemplazan la comida.” Falso. Son un complemento que acompaña hábitos saludables, no un sustituto de una dieta equilibrada. Mito 3: “Un multivitamínico cubre todo.” Falso. Cada persona tiene necesidades únicas que deben ser evaluadas por un profesional. Mito 4: “Si es natural, no hace daño.” Falso. Pueden existir interacciones con medicamentos y efectos no deseados si no se usan con supervisión médica. La Dra. Carlin también subrayó la importancia de leer las etiquetas, verificar los ingredientes y el registro sanitario de los productos, y buscar asesoría profesional para elegir la dosis y el tipo de suplemento adecuado. Finalmente, invitó al público a recordar que la base de la salud siempre será la alimentación balanceada, el ejercicio regular y el descanso adecuado. La suplementación, dijo, debe verse como una herramienta para llenar vacíos nutricionales, nunca como un reemplazo de los hábitos de vida saludables.